El peregrino alemán que murió trágicamente y que andaba para ayudar a los demás

Björn Hoffmann tenía en su mochila 10.000 kilómetros recorridos por el Camino de Santiago junto a jóvenes con problemas que buscaban reinsertarse. El 25 de agosto murió tras un altercado delante de un local de ocio. Esta es su historia

Björn, junto al joven con el que hacía el Camino Portugués, en una imagen cedida por la familia
Björn, junto al joven con el que hacía el Camino Portugués, en una imagen cedida por la familia

pontevedra / la voz

Como desafortunadamente ocurre a veces, la historia de Björn Hoffmann se ha empezado contando por el final: por su trágica muerte. Pero él, alemán y singular peregrino del Camino de Santiago, que falleció en el Hospital Álvaro Cunqueiro, de Vigo, días después de verse envuelto en un alternado junto a un local de ocio de Pontevedra en el que sufrió graves lesiones, tuvo una vida que bien merece ser contada desde el principio.

Björn Hoffmann no era un peregrino cualquiera. Llevaba encima más de 10.000 kilómetros por las rutas jacobeas acompañando a menores que buscaban reinsertarse en la sociedad. Ese era el trabajo y el desvelo de Björn: caminar y caminar para enseñarles a muchachos con problemas que la vida merece mucho la pena.

En ruta siempre con un menor

Son sus familiares, un primo que tiene en Fisterra y su pareja, quienes ponen negro sobre blanco y ayudan a reconstruir la vida de Björn. Residía en Wuppertal, una ciudad alemana de más de 300.000 habitantes bombardeada en la Segunda Guerra Mundial. Era de esas personas que convierten el trabajo en su pasión. Trabajaba como cooperante de Christophorus Juendwerk, que tal y como explica su primo, «es una compañía de Cáritas en Alemania». La misión de Björn era ser el tutor de jóvenes que estaban intentando reinsertarse en la sociedad. Hacía el Camino con ellos como terapia. En cada caminata se acompañaba de un único menor. «Conocía el Camino a la perfección, vino muchas veces. En una ocasión alquiló una casa en Fisterra durante un año, pagando de su bolsillo, para que los jóvenes tuviesen allí un referente», explica su primo.

Le apasionaba el Camino, pero, sobre todo, le gustaba ver cómo la moral de los chicos con los que andaba iba cambiando al superar los kilómetros y conocer gente. «Se desvivía por ellos», recuerda su familia.

Este verano inició esa aventura vital con un joven de 16 años. Empezaron a andar en Lisboa. Pero cuando llegaron a Pontevedra por el Camino Portugués sus planes quedaron truncados. Björn y el menor a su cargo se hospedaban en un albergue, pero el adolescente quedó a cargo de otras personas con las que habían entablado relación en la ruta, y él salió de marcha por Pontevedra. Horas después, se vio involucrado en un altercado junto a un local de ocio y sufrió graves lesiones. Le llevaron al hospital, pero rechazó ser atendido.

Su familia no entiende qué ocurrió. Creen que pudo jugarle una mala pasada no saber español, que «quizás no sabía lo que hacía por el golpe». Y  que probablemente había consumido alcohol. A partir de ahí, llega la incógnita: ¿qué hizo después no ser atendido en el hospital, por donde deambuló desorientado? No tienen respuestas.

Aunque le llamaron repetidamente por teléfono, no lograron hablar con él hasta muchas horas después. Cuando cogió, dijo que iría a Caldas, donde ya estaba el menor del que era tutor. Allí apareció, en taxi, veinte horas después de salir del hospital. Su estado era lamentable. «Sangraba, tenía un ojo fatal...», dicen sus familiares. Apenas les pudo contar nada porque ya no razonaba.

Le llevaron al ambulatorio, comenzó a convulsionar.... estuvo en el hospital de Pontevedra y luego en el Álvaro Cunqueiro de Vigo. Y su estado empeoraba: «Tenía una fractura en el cráneo, lo iban a intentar operar, pero ya no pudieron».

Murió el 25 de agosto y la policía detuvo a dos personas -quedaron libres con cargos- por el altercado. Su familia, singular como él, no llevó los restos a Alemania. Vinieron su mujer, sus hermanos y su hija adolescente, hicieron el Camino con la urna y esparcieron sus restos en Fisterra. Fin del mundo y destino final de Björn.

La familia del peregrino alemán fallecido quiso que sus cenizas se quedasen en Galicia

María Hermida

Sus familiares y amigos caminaron hasta Fisterra y allí esparcieron sus restos

Björn Hoffmann, un peregrino alemán de 42 años, vino a Galicia para hacer el Camino Portugués. Comenzó a caminar en Lisboa y su intención era llegar a Santiago y quizás hasta la Costa da Morte. Pero el destino quiso que encontrase la muerte antes. Falleció en el hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo a finales de agosto tras una historia tan triste como rocambolesca.El 12 de agosto hubo una reyerta en las inmediaciones de un pub de Pontevedra y Hoffan acabó herido. En principio, no debía parecer grave lo que le había pasado. O así lo debió de interpretar él, porque no quiso que le atendiesen en el hospital. Pero su estado empeoró y días después falleció en el hospital. La Policía Nacional detuvo a dos personas como supuestas autoras de la agresión que a la postre derivó en la muerte del peregrino. Esas personas están ya en libertad con cargos. 

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