«Jamás pensé en dedicarme a la política»

Jacobo Moreira pasó de criticar a los dirigentes desde el sofá a defender una profesión «denostada, pero necesaria»


pontevedra / la voz

De la política le gusta todo, excepto el momento de enfrentarse a la cámara. Jacobo Moreira Ferro (Santiado de Compostela, 1973) es él y sus circunstancias. Y así piensa continuar en un camino que recorre abierto a todo, porque «nunca se sabe», sin ambiciones de tipo individual en el horizonte. Se define como un hombre de equipo y acabará donde lo requiera el partido.

Estudiaó Derecho a pesar de que entonces solo tenía claro que no era una persona de ciencias. Y aunque fue una decisión algo improvisada, derivó en un modo de vida que ahora echa de menos. «Ya no tengo esa sensación al acabar un juicio, la tensión o la preparación de un caso, toda esa vorágine». Pero vivió la transición a la política con total naturalidad, que incluso sirvió para completar un círculo jurídico que, de alguna manera, sigue presente en su rutina. «Como abogado, veía cómo se aplicaban las leyes; la política me ha servido para conocer la parte previa, que es la de prepararlas, y en ese sentido es una experiencia enriquecedora», apunta Moreira.

La política llamó a su puerta sin previo aviso. «Jamás había pensado en dedicarme a la política. Se me dio la oportunidad de participar activamente y lo hice, pero si me lo llegan a decir hace 12 años no me lo hubiera imaginado», cuenta el diputado popular. Aunque huye de la etiqueta de «padrino», sabe reconocer las dos manos que tiraron de él hacia ese mundo. «El que me dio la oportunidad para poder trabajar fue Telmo Martín, pero quien me dio la bienvenida en Pontevedra al partido y siempre confió en mí fue Alfonso Rueda», valora. Antes de eso, él era un mero espectador. «Cuando estaba en el sofá criticaba muchas cosas de los políticos, y ahora te das cuenta de que no es tan fácil como parece desde fuera», observa Moreira. «Lo más importante es el diálogo, saber negociar y ceder para llegar a acuerdos», asegura el diputado. De esta vida, se queda con «el honor de representar a miles de vecinos que han depositado su confianza en ti».

Diputado por sorpresa

Pedirle a Moreira que decida entre el Concello y el Parlamento es como preguntarle si quiere más a papá o a mamá. Si pudiera, cogería lo mejor de cada uno, «pero eso no es posible», lamenta sonriente. «De ser concejal me quedo con la parte del contacto directo con los vecinos, mientras que en la política autonómica haces cosas o tomas decisiones que tienen relevancia para los gallegos de hoy y del futuro», comenta.

Cuando estudiaba en el instituto no pensaba en ser abogado, cuando trabajaba en el bufete no contaba con acabar como político, y cuando era concejal no se esperaba un salto al ámbito autonómico. «Mi paso al Parlamento no estaba previsto», recuerda, «fue totalmente inesperado, una sorpresa». Repasa con detalle un momento que tiene grabado a fuego en la memoria: el día de la sesión constitutiva de la corporación del 2011. «Me llamaron del partido dándome la enhorabuena y yo respondí sorprendido que ya había experimentado la sensación de ser concejal». Pero no lo llamaban por eso. «Gritaban que había salido diputado, y yo dije que eso era imposible». Nada más colgar lo consultó en Internet, y el escaño se hizo realidad.

La memoria es agudamente selectiva. Quizá por eso el día de su despedida en el Concello de Pontevedra en julio del año pasado solo podía recordar los buenos momentos. «Pero fue bueno hacer un relevo, yo no estaba motivado para seguir», asume. Su derrota en las municipales del 2015, aunque amarga, le sirvió como «una experiencia extenuante que jamás hubiera imaginado. Fue duro, pero la ilusión de un equipo fabuloso lo compensó», opina, en un balance de aquel tsunami electoral para los populares «en el peor momento del partido». «Te queda la espinita de no haber conseguido tu objetivo, pero hay que saber ganar y saber perder», considera.

El rock como vía de escape

En una senda vital marcada por los caprichos del destino, la música permanece, como si se tratara de ese elemento terrenal que le permite recordar quién es. «Empecé tocando en la rondalla del colegio, después con un grupo en la adolescencia», relata el diputado. Melómano desde que un compañero le enseñó a tocar la guitarra, la música es hoy la afición «con la que me desahogo y me evado». Ante un futuro incierto en el que todo cabe, confiesa que continúa tocando con unos amigos de vez en cuando. En los tiempos convulsos que corre la política, el rock es su vía de escape.

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