Directos desde el Sáhara a pasar el verano en la Boa Vila

Este año son 13 los menores saharauis que pasan julio y agosto en la ciudad del Lérez con sus familias de acogida


pontevedra / la voz

Enguía tiene 13 años y se ha adaptado con gran facilidad a su familia de acogida temporal. De hecho, este es el tercer verano que pasa en Pontevedra con ellos. Jovana la mira con el orgullo que podría sentir cualquier madre hacia su hija. Para ella, al igual que para su marido y su hijo pequeño Pablo, la niña saharaui ya es una más de la familia. «E para os avós, para os primos e para todos. Xa é da casa, fala castelán e galego perfectamente», valora Jovana. «Pablo ten agora catro anos. Aínda que pelexan moito, tamén quérense moito», afirma con una sonrisa.

A Enguía la acompaña una docena de niños y niñas que el resto del año habitan en el desierto con su familia biológica, donde sus condiciones de vida son «absolutamente lamentables e non deberían ser así», denunció el alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores, en una situación que calificó de «vergoña internacional». Para el regidor, esta visita «debe servir para recordar á opinión pública a realidade que estes nenos están vivindo».

Vacaciones lejos del desierto

Para estos menores saharauis, los meses de verano suponen una evasión temporal de su modo de vida, y la oportunidad de descubrir un mundo que se les presenta absolutamente diferente a todo aquello que conocían. «A mi hijo pequeño le sorprende la reacción de un niño que nunca antes había visto el mar», apunta uno de los padres de acogida, que cree que esta experiencia también aporta a los demás pequeños de la casa, pues «aprenden a valorar ciertas cosas».

Estarán aquí hasta principios de septiembre. Con suerte, el próximo año los recibirá de nuevo una familia en el marco de Vacaciones en Paz, un proyecto de acogida de niños y niñas saharauis durante los meses de julio y agosto, que en Galicia organiza Solidariedade Galega co Pobo Saharaui.

Para Enguía este será casi con total seguridad su último verano en Galicia, al cumplir el máximo de edad permitido para poder beneficiarse del proyecto. «Chegou por primeira vez hai tres anos, asustada e expectante, pero esa desconfianza cara o mundo exterior desapareceu nunha semana», recuerda Jovana. «Agora xa non lle dá vergoña falar coa xente, xoga con todos, ou mesmo lle dá a man ou un bico a un neno, algo impensable onde ela vive».

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