Pontevedra ya no «medra»

Las estadísticas revelan que la natalidad ha decaído desde hace una década y el crecimiento vegetativo es negativo. Al menos se contiene población gracias a las migraciones


No hay problema más serio y preocupante en el presente y futuro de Galicia que la vertiginosa desertización demográfica que sufrimos. Es asunto para un Pacto de Estado. Una lacra que no es privativo de los gallegos pues recuerden las movilizaciones de semanas atrás en la llamada España vaciada. Pero en nuestra autonomía se dan las peores cifras lo que debe obligar una estrategia común de las administraciones públicas con un compromiso sincero de todos los partidos políticos sin disensiones ni vetos. Y en la cadena de medidas a adoptar las administraciones locales deberán tener una participación muy activa.

Hace años Miguel Anxo Fernández Lores acuñó un mantra: «co BNG no Concello, Pontevedra medra» que empleó en diversos ordenes, incluso cuando se difundían las cifras de crecimiento demográfico que resaltaban que la ciudad del Lérez presentaba mejor ratio que las restantes grandes urbes de Galicia. Pero desde hace cuatro años se ha quebrado el crecimiento vegetativo, es decir la diferencia entre nacimientos y fallecimientos como acaba de acreditar nuevamente el informe sobre población del Instituto Galego de Estadística (IGE) que hemos conocido esta semana.

Desde 2008, menos nacimientos

El dato de 2018 es concluyente: hubo 589 nacimientos frente a 755 defunciones. Como pasó en 2015, 2016 y 2017. Además, y siempre según el IGE, la natalidad se ha hundido en la ciudad de Pontevedra. Desde 2008, hay un 35% menos de nacimientos. Es decir la tasa de reposición de población se está agrietando de modo muy preocupante.

Afortunadamente lo que aún está salvando a la ciudad de Pontevedra de un problema mayúsculo de despoblación como el que hay cronificado en tantos otros municipios de Galicia, es que mantenemos capacidad de atracción de modo que la población censada sigue aumentando. Según los datos del Instituto Galego de Estadística, la urbe de Pontevedra creció en 131 habitantes concluyendo a 31 de diciembre de 2018 con 82.802 habitantes. Pero ojo con los chovinismos: Pontevedra crece menos que Vigo o Coruña que siguen siendo los grandes polos de captación de migración del rural a las ciudades.

Ahora que ha llegado la época de las vacas flacas, echo de menos siquiera una mención del alcalde pontevedrés a un problema tan severo como la falta de relevo demográfico.

Aún recuerdo las declaraciones que realizó en junio a Serxio Barral para La Voz de Galicia a propósito de los retos para este nuevo mandato, cuando se sinceraba al admitir la necesidad afrontar asuntos cruciales y no caer en «certas dinámicas rutinarias» derivadas precisamente de los veinte años que lleva gobernando la ciudad prácticamente con el mismo equipo. Por eso dijo aquello de «ímoslle dar unha volta a todo». Pues en esa fase de «repensar» ante nuevos retos, el alcalde pontevedrés deberá plantearse muy seriamente que la pirámide de población está temblando por que la natalidad se ha desplomado.

Es cierto que gran parte de las políticas de incentivo de la natalidad tienen que salir de los gobiernos central y autonómico. Pero hay un margen de actuación para los concellos y las diputaciones a los que así apeló Alberto Núñez Feijoo cuando el pasado mes de junio el presidente de la Xunta anunció la presentación de una ley de impulso a la natalidad.

Implicación de todos

Hasta que el texto no supere la aprobación del Parlamento Gallego (quizás a finales de año) no conoceremos la letra menuda. No obstante se aguarda que articule medidas que incentiven la natalidad a través de mejorar la conciliación familiar, ampliar el ámbito de la Tarxeta Benvida y medidas que combatan la inestabilidad y precariedad laboral de las mujeres que tantas veces las disuade de ser madres mediante incentivos a las empresas que garanticen la estabilidad de sus puestos de trabajo. En este punto radica la almendra del problema. Una estadística lo confirma: nacen 33 niños por cada mil mujeres de la provincia de Pontevedra en edad fértil y por tanto en disposición de ser madres. Y en la ciudad de Pontevedra, la media de edad de las madres primerizas ha subido a 33 años.

La Xunta apelará a la implicación de las administraciones locales. Un Concello como el de Pontevedra ha dado pasos importantes contribuyendo al crear un modelo de ciudad más vivible donde por ejemplo los niños pueden ir solos al colegio, se han ganado espacios para el peatón y se han apaciguado el tráfico y la siniestralidad. Pero no basta. Mientras no se contrarresten otros indicadores como la tasa de desempleo que ha generado el cliché negativo de «Pontevedra, la ciudad del paro». Pero ahí están los datos que resultan contundentes: hay un 15% de pontevedreses parados, según el SEPE, cifra que la EPA eleva a un 17%. De ellos más de 5.000 inscritos a finales de julio en la oficina del paro.

No basta con haberle puesto cerrojazo a más grandes superficies o no cogerle el teléfono a Ikea si el comercio local sigue languideciendo en calles de entrada a la ciudad como Loureiro Crespo y Juan Bautista Andrade -ambas siguen olvidadas de cualquier reforma- o en vías más céntricas como la propia Michelena o en las galerías de La Oliva en las que duele ver tanto local cerrado. El futuro de Pontevedra no debería ser convertirnos en un parque temático de terrazas y negocios de hostelería.

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