De carteristas, bolsilleros y gateras

La afluencia de visitantes a Pontevedra en agosto atrae, asimismo, a los amigos de lo ajeno


Pontevedra / La voz

Llega agosto, posiblemente el mes que más turistas recibe Pontevedra, y a su estela, los amigos de lo ajeno. Solo el pasado año, entre julio y septiembre, la ciudad del Lérez contabilizó 699 hurtos. Esto es, durante el verano se tramitaron en la capital más de siete denuncias diarias por sustracciones. Aunque estos hurtos tiene el común denominador de que los ladrones se aprovechan de descuidos de la víctima, no es lo mismo un cogotero que un muletero, como no actúa de la misma forma un carterista que un chinador.

Carterista

Los de guante blanco. Son hábiles, salvo contadas excepciones, desvalijando a los viandantes sin que se percaten aprovechando las aglomeraciones. El sumun lo componen los piqueros, capaces de hacerse con la cartera empleando los dedos medio e índice de una mano sin establecer contacto físico con la víctima.

Bolsillero

Diestros, pero no tanto. Los bolsilleros son a los bolsos, lo mismo que los carteristas a las carteras. No son tan hábiles como los segundos, por lo que sus objetivos son bolsos, bolsas y bolsones.

Lancero

Hurtos a distancia. Como la patata o el tomate, es una especialidad importada de Sudamérica. Se usan pinzas alargadas o un alambre para consumar el hurto.

Chinador

Los de la raja. Emplean una navaja afilada, un cutter, una hoja de afeitar o, incluso, un bisturí para causar un corte en el bolso o bolsillo y acceder al botín.

Maletero

Su nombre lo dice todo... Son los que se especializan en robar maletas y equipajes en todo tipo de lugares, como aeropuertos, estaciones de tren, hoteles, buses...

Hurto mágico

A río revuelto... Abonan un producto de escaso valor con un billete de 100 o 200 euros. Nada más recibir el cambio, se pide el reintegro del billete afirmando que se dispone del dinero justo para ir generando confusión y apropiarse del cambio inicial.

Gatera

Prostitutas y ladronas. Aquellas mujeres que ejercen el oficio más antiguo del mundo y que no desdeñan desplumar a sus clientes durante el servicio.

Butronera

Nada de agujeros en fachadas. Otro método en el que se han especializado las mujeres. Provistas de grandes mandiles ocultos bajo la ropa que visten arramplan con todo lo que se les pone por delante.

La mancha

Falsos samaritanos. Primero, arrojan un líquido a la víctima para, acto seguido, ofrecerse a limpiar esa mancha. En realidad, lo que le limpian al denunciante son la cartera o el bolso.

Cogoteros

Choques nada casuales. Dos variantes. La clásica, aquella en la que el ladrón choca «casualmente» con la víctima y aprovecha para consumar el hurto. La segunda, conlleva un impacto algo más violento que provoca que un cómplice se ofrezca a echar una mano al damnificado.

Rata de hotel

Injuriando a los roedores. Es aquel que es capaz de camuflarse entre los clientes de un hotel para consumar las sustracciones. A veces, son los propios empleados de los negocios los que llevan a cabo este tipo de hechos.

Pinchazo

En ruta en coche. A diferencia de los anteriores, esta modalidad se pone en práctica en áreas de servicio o ante un semáforo en ámbar. Los amigos de lo ajeno alertan al conductor de una rueda pinchada -hay casos donde, incluso, no dudan en hacer realidad este aviso- para, de este modo, acceder a los objetos del coche cuando la persona en cuestión se apea del mismo.

Siembra de Monedas

Dinero por los suelos. La escena comienza con el cliente de un banco ante un cajero. Los ladrones, tras quedarse con el pin de la tarjeta, disimuladamente dejan caer algo de dinero haciendo creer a esta persona que es suyo. En el momento que se agacha para recogerlo, le dan el cambiazo a la tarjeta.

Hurto amoroso

Cuidado con las muestras de cariño. Personas jóvenes que se acercan a otras de edad avanzada para fundirse con ellas en muestras exaltadas de cariño. Y bajo pretextos tan dispares como que es igualito a su abuelo, que si se parece mucho a su tío o, incluso, que si se van a una pensión de aquí al lado que conoce.

Beso del sueño

Poco amor. Es el hurto amoroso sofisticado, ya que el ladrón introduce un narcótico en la bebida de la víctima con la que ha habido un acercamiento previo. Hay quien, según aseguran algunos, es capaz de mojarse los labios con esta sustancia para que haga efecto en cuanto se junten con los del objetivo. En ambos supuestos se busca dormir al denunciante.

Las del romero

El mal de ojo. Aunque no es muy común verlas por Pontevedra, de vez en cuando se dejan caer por la ciudad. Se trata de mujeres que portando ramas, habitualmente, de romero se ofrecen a leer la mano de los viandantes. A la que se descuidan, les dejan sin cartera. Y si no lo consiguen, piden un donativo. Pero nada de monedas, que el metal trae mala suerte.

Falso sordomudo

Apelando a la compasión... El caco simula ser sordomudo y porta un cartel demandando ayuda económica. No es más que un mero subterfugio de sus intenciones reales. Una variante la protagonizan quienes piden donativos para asociaciones inexistentes.

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