El pabellón de Pontevedra solo se abrirá a peregrinos en grandes grupos

Hasta este verano se habilitaban camas en el polideportivo de A Xunqueira cada vez que el albergue público se quedaba sin sitio


pontevedra / la voz

El Camino Portugués bate cada año sus propias marcas. La avalancha de peregrinos es grande. Pero la necesidad de poner orden a todo lo que ello supone también. En esa línea trabaja la Asociación de Amigos do Camiño Portugués, liderada por Tino Lores y encargada de gestionar el albergue público de Pontevedra. Hasta este estío, siempre que ese edificio se colapsaba -solo tiene 72 plazas-, un hospitalero del colectivo -voluntarios que trabajan sin remuneración- se encargaba de abrir el pabellón de A Xunqueira para que pudiesen pernoctar allí los llamados excedentes del albergue. Esa práctica se ha terminado. Y Tino Lores explica con claridad los motivos: «Por una parte, tener a un hospitalero de forma continua, como hacíamos, en el pabellón, es un esfuerzo que no podemos asumir. Pero es que además se habló el tema con los alojamientos privados y se acordó así».

Eso no quiere decir que en el pabellón ya no va a pernoctar ningún peregrino. Podrán hacerlo los que viajen en grandes grupos -a partir de 15 personas-. De hecho, el polideportivo se abrirá los días 23, 24 y 26 porque está previsto la llegada de peregrinos en grupo del proyecto Ulises de Córdoba, de la parroquia Santa Eugenia de Madrid o también una peregrinación de misioneros claretianos.

Asimismo, en el mes de agosto, también está previsto que duerman en el pabellón varios grupos numerosos llegados de la parroquia de la Merced de Madrid, un grupo de Málaga u otro de Zafra, en Badajoz. A ellos sí se les abrirá el polideportivo porque se considera que al ser muchos no sería de recibo obligarles a disgregarse en distintos alojamientos privados. «Una cosa con los grupos y otra los peregrinos individuales. Si te viene una parroquia grande o una excursión de chavales no es de recibo no abrir el pabellón. Pero el resto, si se acaban las 72 plazas del albergue público, tendrán que buscar algún otro sitio para dormir», dice Tino Lores.

Colas casi a diario

Si sobre las 13.00 horas de cualquier día del verano se pasa por la calle Otero Pedraio se comprueba que, jornada tras jornada, suele haber cola para entrar en el albergue público. Así que lo habitual es que se acabe colgando el cartel de lleno. Lo mismo pasa con algún establecimiento de Caldas que, pese a no ser público, tiene la misma tarifa que los inmuebles de la Xunta.

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