«Coñecemos a algúns incendiarios que xa plantaron máis de un lume»

Javier Fernández y Manuel Currás se dedican a la investigación de incendios en el sur de Pontevedra


vigo / la voz

«O monte arde porque lle prenden lume», zanjan prácticamente a la vez los agentes forestales Javier Fernández y Manuel Currás. Conducen por la carretera de Vincios un todoterreno blanco preparado para circular sobre cualquier pista.

Es un día normal, tranquilo. Recorren la comarca con atención. Atentos a un verde que para muchos es uniforme y para ellos es un conglomerado de especies con nombres y características. Por suerte, no hay ningún incendio y pueden dedicarse a tareas de prevención.

Javier y Manuel son dos agentes forestales a los que la Consellería de Medio Rural les ha encargado la investigación de los incendios forestales que se den en el sur de Pontevedra. Por eso, cuando hay fuego se dedican plenamente a la investigación, pero cuando todo está tranquilo asesoran y ayudan en tareas de prevención.

El todoterreno se acopla al arcén de la carretera comarcal entre viviendas que escalan por una ladera hacia una superficie arbolada. Acaba de ser desbrozada por la comunidad de montes de Vincios y los investigadores forestales se alegran de que esta buena actuación. Explican que estas medidas son esenciales para proteger a la población del fuego y facilitar las tareas de extinción.

El cuatro por cuatro vuelve a la carretera en su paseo de inspección. Javier Fernández se sienta detrás y señala con la mano los lugares que cumplen las normas y los que no. «Poderíamos actuar de oficio e sancionar, pero son demasiadas as fincas que non cumpren a normativa», se lamenta. Por eso, intentan asesorar a vecinos y comuneros para que «xuntos melloremos na xestión do monte».

Atravesando Zamáns se ven restos de los incendios que consumieron vidas y hectáreas en el 2017. Allí, cada año arde. Exactamente doce incendios en los últimos cinco años. «Hai un veciño que xa plantou máis de un lume», explican los agentes. Saben que él es el causante de muchos incendios, pero no tienen pruebas que permitan una actuación penal eficaz contra él. Por eso deben tratarlo de presunto aunque sepan casi con certeza que está detrás de varios incendios. Lo saben por vecinos que se lo confesaron, pero no lo hacen delante de un juez. «Non queren meterse en líos», concluyen.

«Hai que ser un covarde e un desgraciado para plantar lume», se lamenta Javier en la parte trasera del todoterreno blanco que ya circula por el campus universitario. No se atreven a dar un perfil definitivo del incendiario, pero normalmente suelen ser «personas con problemas de alcohol e conducta». «Non están no cárcere porque coas probas que deixa un incendio é moi difícil concretar a identidade dun incendiario», explica Currás a bordo del volante. Normalmente suelen ser detenidos por otro tipo de delitos.

Zamáns no es el único territorio con incendiaros en la lista de Currás y Fernández. «Hai moitos e se reparten por toda a comarca», explican. Tampoco existe una motivación universal y cada uno «ten un interese concreto».

El año pasado en Bembrive aparecieron seis focos en días distintos. Los investigadores forestales encontraron restos de cera. Un incendiario había dejado velas encendidas para que cuando se consumieran comenzaran un incendio. Por suerte, ninguno salió adelante.

Debido a la gran extensión de territorio que patrullan con el todoterreno blanco es difícil que sean capaces de encontrar a un incendiario in fraganti. Pero si lo hacen, por ley pueden retenerlo. Lo que ocurre es que no tienen medios para hacerlo. Por eso, se limitan a grabar con su móvil o a quedarse con su cara para después detenerlo con ayuda de la policía.

Cerca del campus de As Lagoas-Marcosende hay una plantación de frondosas que demuestra que «hai sitios que están a facer ben as cousas». Queda mucho trabajo para evitar que incendios como los del 2017 se puedan repetir, pero la clave para Javier está «na colaboración de toda a sociedade, vai ser algo lento, pero tamén é urxente».

A lo lejos destaca a la vista el monte O Galleiro que pertenece a Pazos de Borbén. Su pico es una superficie rocosa sin vegetación. «Esa zona ardeu tanto que a erosión terminou coa fertilidade», se lamentan los dos agentes forestales. La erosión es otra de las consecuencias del fuego, con cada incendios se pierden centímetros de suelo con sus nutrientes, y cuando se van ya no crece nada.

El todoterreno termina su jornada de vuelta en Vincios, Gondomar. Otro día de un verano en el que «tratarán de plantar lumes».

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«Coñecemos a algúns incendiarios que xa plantaron máis de un lume»