¿Cómo es el vermú perfecto?


Las bases estaban claras. Indicaban que había que puntuar distintos aspectos de cada preparación. Sobre cien puntos lo más importante es el gusto, con 45. A partir de ahí se trataba de valores con 15 o 5 puntos: la presentación, el olor, la destreza y la explicación del vermú de cada uno de los seis finalistas. Pero, como era la primera vez que ejercía de jurado de un concurso de estas características, antes de empezar le pregunté a un experto en la materia. «La mezcla tiene que saber a vermú. No se trata de incorporar ingredientes sin más, la clave es que haya un equilibrio. No es un cóctel, es un vermú para tomar a la hora del aperitivo sin necesidad de ir a una coctelería», resume Giuseppe Santamaría, brand ambassador de Campari Group y director de la Campari Academy de Barcelona. Vamos, que este hombre se las sabe todas. Le intentas colar algo que no sea Cinzano y lo percibe al instante. Me senté a su lado para seguir aprendiendo. También formó parte del jurado Ketty Fresneda, la joven de Pontevedra que fue finalista de MasterChef 6 y que confesó que es «muy fan de los vermús». Un encanto esta chica que no paró de sonreír y de hacerse fotos con todos los que se lo pidieron. Durante más de una hora estuvimos probando vermús en el nuevo Andén Beach Club de la playa de Riazor de A Coruña. No los acabamos, solo dimos unos traguitos a cada uno para poder valorarlos y no perder la cabeza. Me agradó comprobar en la reunión posterior a la cata que tanto Ketty como yo coincidíamos casi al cien por cien con Giuseppe. El vermú perfecto resultó ser el de Javi Mallo, un profesional de 26 años que trabaja en el mismo complejo donde se celebró el certamen. No preparó un cóctel, pero le echó muchas cosas.

Solución salina

«En el vermú es muy importante la temperatura a la que lo sirvas. Tiene que ser un trago fresco», aconseja mi compañero italiano. El ganador, con gran desparpajo y con soltura tipo Tom Cruise en la mítica película Cocktail, lo preparó con dos Cinzano rosso clásico, uno de ellos envejecido con Pedro Ximénez para aportar un toque dulce. Y dos Bitters, uno de cacao y otro con toques anisados para potenciar la siempre trascendental parte amarga. Pero no acabó ahí. «Le añado una solución salina para realzar los matices del vermú junto con un poco de albahaca para transportarnos a Italia», explicó. Después me enteré de que el local cuenta con un cocinero transalpino que le ayudó a la hora de conectar el espíritu gallego e italiano. Salí de allí convencido de que este verano voy a pedir más de uno en alguna terraza.

O emigrante de río Castro

Es uno de esos lugares de obligada visita en verano. Su propietario le va haciendo mejoras año tras año. «Estamos a tope», me dice. Es cierto, no queda una mesa sin reservar en la amplia terraza de este bar cercano a Redes. De hecho ya anunciaban en un cartel la divertida invasión vikinga a sus vecinos que celebrarán el 27 de julio. Puso empanada y langostinos de tapa y lamenté no haber pedido un vermú.

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