El arte manual se instala en Pontevedra

La Feira de Artesanía vuelve a la praza da Ferrería de la mano de 13 expositores, con el apoyo del Concello y la Asociación Deseño Atlántico


Es un mundo aparte, una burbuja artesanal que brilla con luz propia. Y no solo por las creaciones tan singulares de bisutería o los elementos elaborados a partir de vidrio, que consiguen teñir de color la praza da Ferrería. Se percibe también en la ilusión de los artesanos, que están aquí un año más -en la XII edición de la Feira de Artesanía Chalana, hasta el 4 de agosto- para mostrar al mundo su arte hecho con las manos.

Muchos de los que están aquí repiten, prueba del éxito que llevan cosechando a lo largo de estos años y la fidelidad que se han ido ganando, pues algunos aseguran que esperan clientela fija. «Es el tercer año que vengo, y si repito es porque la experiencia es muy buena», cuenta la artesana textil Sandra Bastón. Lo que más llama la atención de su puesto es la pequeña réplica de un telar antiguo, con el que expone a clientes y viandantes el proceso de su trabajo. Por eso lo lleva con ella a todas partes. «Quieren saber cómo funciona, genera mucho interés y hace que entiendan el valor de la artesanía». Funciona a pedales, de manera que va elaborando la tela al ritmo de ligeras pisadas, con un agradable movimiento hipnótico y tal naturalidad en el ejercicio que la máquina y ella parecen un solo ser.

Las artesanas que regresan a la plaza en el ecuador de cada verano coinciden en la importancia de una cita como esta, tanto para la ciudad como para el oficio, en un lugar «peatonal, con mucha luz, que favorece mucho», considera Eva Martín, que se dedica a vender ropa pintada a mano. Así, este tipo de eventos es necesario para «poñer en valor a artesanía e o produto feito a man, ademais de dar a coñecer a moitos artesáns galegos», apunta Pilar Coto, que trabaja plata de ley y piedras naturales.

Su primera vez

Aunque muchos son veteranos en este evento estival, hay otros que se atreven a recorrer la península hasta aquí para probar suerte en su primer año. David Naranjo viene desde Granada con su caseta de chapas, en la que todos los artilugios están hechos a partir de materiales reciclados. «Son chapas de cerveza de Etiopía, Noruega, Finlandia o Kazajistán», indica el artesano, «también tengo otras antiguas, pero sobre todo son de países raros». Al ser elementos pequeños y transportables, los lleva a la espalda allá donde va. Es un enamorado de su trabajo, y está seguro de que ese es el secreto para que la gente también valore su arte.

Un niño que pasa por allí no puede contener la tentación de acercarse a observar el mecanismo del telar antiguo o el brillo magnético de las joyas. Está claro que la feria tiene ganada a la ciudad, cada año con más fuerza, en un lugar privilegiado en el corazón de Pontevedra, que hace un hueco cada verano a los artesanos que llegan con ilusión a llenar de vida la zona, dispuestos a ofrecer una humilde muestra de su oficio.

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