El Tetris de piraguas con el que vive cada día el Cidade de Pontevedra

El club reclama más espacio para poder mantener su actividad al alza


Pontevedra / La Voz

Con base en el muelle das Corbaceiras el Cidade de Pontevedra sale a surcar cada día las aguas del Lérez. Cuenta con más de ciento sesenta palistas entre sus filas. Es una cantera de talento para el presente y el futuro del piragüismo. Los resultados hablan por si solos, en cada prueba y competición, en cada entrenamiento -donde alevines ya entrenan con los adultos debido a su buen hacer- y en cada golpe de remo. Ahora bien, el hogar se ha quedado pequeño. Demasiado.

Entrar en los dominios del Cidade de Pontevedra es un choque de realidad en lo que a día a día de élite deportiva se refiere, ese tándem tan contrastado y habitual como es el talento y la falta de medios. Aquí, añadir otro elementos: la testarudez de sus responsables en la búsqueda de soluciones. Esta base, este almacén de equipo y posibilidades recuerda a una partida de Tetris, ese videojuego de origen ruso en el que luchábamos por colocar correctamente las piezas a medida que iban apareciendo en pantalla, cada vez más rápido.

La cantidad de piraguas es tal, y su colocación tan al límite y peliaguda, que las caídas de las mismas son habituales. No se trata de un material barato. Hablamos se instrumentos deportivos que sobrepasaban los 2.000 euros, llegando en algunos casos, a doblar esa cantidad. Cuando caen, las roturas suceden con facilidad y ahí entra la pericia de Miguel Villanueva, entrenador del club, que trata de arreglar con sus propias manos los desperfectos. «Hemos aprendido a trabajar con estas aleaciones de plástico y carbono por nuestra cuenta, viendo vídeos de YouTube. No podemos mandarlas a fábrica, las reparaciones costarían más que las propias piraguas», explica.

Dentro de las propias instalaciones también hay un gimnasio con capacidad para setenta personas. El desorden es evidente, como lo es el desgaste del suelo y de la antigüedad de los materiales que se pueden ver. Justo a unos metros de las máquinas, hay un ordenador que guarda las imágenes que graban un par de cámaras de seguridad. Se vieron en la obligación de ponerlas después de que un ladrón robara en los vestuarios mientras entrenaban. La alarma la paga el club, igual que pagaron e hicieron las obras para instalar las tuberías y las bombas de agua caliente de los vestuarios.

El espacio es cedido por Portos, y desde el club lo aclaran: «no queremos dinero, no se trata de eso; queremos un poco más de espacio, acorde con lo que vamos consiguiendo».

Este fin de semana, el Cidade de Pontevedra volverá a luchar sobre el agua. La cita del domingo será en casa, en el Entre Pontes.

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