Morones & Zamoranos: se repite el error

Fiscalía bendijo un acuerdo en aras a una pretendida pacificación del conflicto. El mismo pretexto del fracasado tratado de paz del año 2015


El acuerdo por el que Sinaí Giménez y otros procesados, tanto Morones como Zamoranos, se reconocieron culpables pero eludieron condenas que les hubieran llevado a la cárcel, sobre todo al Obama galego, ha sido un nuevo regate a una deseable administración de justicia. Lo ocurrido esta semana en Pontevedra no pareció «Justicia» con mayúscula. Más bien un remedo de «justicia» con minúsculas, como la bautizó uno de los abogados intervinientes en el arreglo.

Fueron los letrados de Morones y Zamoranos los encargados de muñir un acuerdo que bendijo la Fiscalía y escabulló el juicio que todos esperábamos. Y por otro lado, otra vez más parece que el poder judicial se retrae frente a una etnia que presume de tener sus propias leyes y castigos. Algo que, con todo el respeto al pueblo gitano, no es de recibo en un país moderno, democrático e interracial. Porque si se permitiese, constituiría un agravio comparativo para con cualquier otro español.

Cara de parvos

Al final, a los ciudadanos, a la opinión pública y a los que hacemos opinión publicada se nos queda cara de «parvos» viendo semejante desenlace de tal juicio que, desde luego, dista mucho de lo que podría esperarse. Por ejemplo: lo que podrían aguardar los cientos de vecinos y vecinas de Cangas do Morrazo horripilados por la violencia de la pelea y altercados que protagonizaron unos y otros en el mercadillo de esa villa aquel día de octubre del 2015. O los agentes de las fuerzas de seguridad que se jugaron el pellejo interviniendo para separar a los dos bandos evitando mayor derramamiento de sangre. O el Concello de esa localidad que mantuvo suspendidos los mercadillos y debió regular de nuevo la instalación de puestos después de aquel formidable follón.

Sin embargo, en lugar de un esclarecimiento de responsabilidades, asistimos so pretexto de una pretendida «pacificación del conflicto» -otra vez, la misma excusa- a cómo se articuló un acuerdo que sobre todo beneficia a Sinaí Giménez quien, una vez más, «safa» de ir a la cárcel.

Lo que alimenta esa pretendida aureola de invulnerabilidad que rodea al ahora «Rey» de los gitanos gallegos, según anunció en marzo Sociedad Gitana de Galicia, una de las entidades que el propio Sinaí controla y que nos comunicó su ascenso de príncipe a monarca.

Error repetido

Conociendo cómo funciona la cadena de mando en el Ministerio Fiscal, la fiscala que ejercitaba el lunes pasado la acusación contra Sinaí y demás procesados en el Juzgado Penal número 2 de Pontevedra, no debió actuar por su cuenta. No me creo que decidiera por sí misma transarse con el acuerdo que fraguaron los abogados de Morones y Zamoranos para esquivar el juicio y mayores condenas. Me cuesta creer que actuase sin el beneplácito de su superior cuando la misión inicialmente encomendada era conseguir que a Sinaí y al resto de procesados les cayeran penas que sumaban 35 años de prisión.

Lo ocurrido nos pone ante la probable repetición del error ya cometido cuatro años atrás por el entonces fiscal jefe de Galicia, Carlos Varela. Cuando creyó que pontificando un armisticio entre Morones y Zamoranos, resolvía un conflicto gangrenado que había llegado al disparate social de que los primeros decretaran -por la «ley gitana»- el destierro de 400 zamoranos que llevan décadas asentados en el municipio de O Porriño.

Cuando el 8 de enero del 2015, el fiscal Varela certificó que los dos grupos firmaron un documento «privado» en las oficinas del TSXG en A Coruña que debía garantizar la «convivencia pacífica», a cambio de archivar todas las investigaciones, en realidad no se imponía la paz. Fue un cierre en falso. Aunque las familias de los gitanos zamoranos regresaron a Torneiros, los Morones apenas tardaron 9 meses en ser acusados de comportamientos mafiosos para hacerse con el control de los mercadillos que es, sin duda, el nudo gordiano de este conflicto. Y en octubre llegó la batalla campal de Cangas que nos trae al presente. Pero no podemos olvidar que por medio ha habido otros sucesos graves como los tiroteos de la VG-20 o el reciente en una despedida de soltero en O Porriño con dos críos heridos y un hermano de Sinaí huido.

Solo con haber visto el lunes pasado el lenguaje corporal de los Zamoranos y cómo rehuían establecer contacto visual con Los Morones, ya fuera por los pasillos del edificio judicial de A Parda o en la sala de vistas, se concluye que no se trata de un tratado de paz entre iguales.

Sinaí contra las cuerdas

A pesar de la aparente intocabilidad que Sinaí Giménez transmite, lo cierto es que está ante una tesitura clave. Desde el lunes y por cinco años no puede delinquir para no perder el beneficio de no ser encarcelado conforme el acuerdo negociado. Pero con la serie de juicios que le quedan pendientes, está ante un descenso a tumba abierta y sin frenos.

Tendrá que responder por la agresión a un abogado y seis guardias civiles a las puertas de los juzgados de Tui; por el tiroteo contra una furgoneta de zamoranos en la circunvalación de Vigo; y por último, le saldrá el juicio por el alijo de 3 kilos de hachís que le intervino un control de la Guardia Civil en Salamanca el pasado mayo, asunto por el que está en libertad con cargos, gracias a los excelentes abogados que puede pagarse. ¿Durará su buena racha?

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