Así es Lores, alcalde de Pontevedra: El médico que puso a los pontevedreses a andar

Llegó a la alcaldía en 1999 y ahí sigue, rigiendo una ciudad a la que ha cambiado el destino


Pontevedra / La voz

Miguel Anxo Fernández Lores (Vilalonga, 1954), es el artífice del milagro del BNG en Pontevedra. Del idilio entre una ciudad que hace veinte años sufría un cierto aburguesamiento, y un alcalde nacionalista. En los años 80 y 90 del siglo pasado, muy pocos hubieran apostado por que la capital de las Rías Baixas tendría un regidor de izquierdas y mucho menos bloqueiro. Lores llegó a la alcaldía cuando el siglo moría, en 1999, y ahí sigue, rigiendo la política municipal de una ciudad a la que él ha cambiado el destino.

Entonces se podía pensar que un alcalde nacionalista en Pontevedra era poco menos que una anomalía. Hoy, veinte años después y cuando acaba de iniciar su sexto mandato, nadie pone en duda que su gestión ha transformado a la ciudad, que ha devuelto a los pontevedreses el orgullo de serlo y que ha situado a Pontevedra en el mapa no solo gallego y nacional sino también internacional, con premio de la ONU, en Dubái, en China, en Nueva York, en Hong Kong, en México....

En 1978, en el «cuartelillo»

Todo empezó, para Pontevedra, en 1987 cuando este médico nacido en Vilalonga fue por primera vez candidato a la alcaldía de la ciudad del Lérez. En el 83 ya había sido concejal en Samos (Lugo), donde vivió su primer destino como facultativo, pero su compromiso político venía de más atrás. El propio Lores recuerda que en 1978 ya le llevaron al cuartelillo de la Guardia Civil por pegar carteles contra Ence.

En aquellas elecciones de 1987, fue elegido concejal. El único representante del BNG en una corporación de veinticinco. Doce años en la oposición dan para pensar mucho en el futuro, en cómo transformar una ciudad. Y dicho y hecho: fue nombrado alcalde el 1 de julio de 1999, y justamente un mes después tomó la decisión que cambió a Pontevedra: cerrar el centro histórico al tráfico, ni un coche más aparcando en las plazas de la zona monumental o utilizando las calles para atajar. Y después del casco viejo, llegó el turno al centro urbano. La reconquista. El equipo que lidera Lores en la alcaldía puso a los pontevedreses a andar. A disfrutar de las calles y de los espacios públicos que antes ocupaban los coches. Y en ello sigue.

A cualquiera que llega a su despacho -y han venido a entrevistarle desde australianos hasta coreanos, alemanes, franceses o británicos-, les somete a la misma prueba: abre la ventana y les pide que escuchen. Ni un ruido de motor. Si acaso, las conversaciones de la gente que pasa por la calle Michelena. Es una de las cosas de las que más orgulloso está.

Lector exhaustivo de prensa, aficionado a la cocina y al jardín, y también y a seguir el tenis en televisión desde que su espalda le impide practicarlo o esquiar, cumplió la semana pasada 65 años. Pero no piensa en jubilarse. Dice que está viviendo su mejor momento en lo político y en lo personal, esto último tras convertirse en abuelo por partida triple. Afirma que le queda mucho por hacer en el Concello y suscribe que «o mellor está por vir».

mi primera medida

«Pedir entrevistas con todas as Administracións para impulsar infraestruturas pendentes. É un tema que ao non depender de nós hai que axilizar ao máximo»

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