Semana de excusas y digestión pesada

En Pontevedra se juega con los tiempos para negociar mientras caen las primeras víctimas del 26M: Luís Rei, de Marea, y María Rey, de Ciudadanos


Ha pasado ya una semana desde el 26-M y la sensación es que se han escapado siete días entre postureos y divagaciones que ha sido la forma más común en que algunos de los principales protagonistas de este tiempo político han sorteado enfrentarse al veredicto de las urnas. Proliferan pretextos y dilaciones; escasean decisiones que evidencien asunción de responsabilidades -salvo un par de casos que en seguida comento- y el electorado sigue sin noticia sobre pactos.

La incógnita principal persiste: saber si tanto en el Concello de Pontevedra como en la Diputación habrá gobiernos de coalición, solo acuerdos de gobernabilidad, o bien Fernández Lores y Carmela Silva deciden tirar en minoría. Es cuestión a despejar si tanto uno como otra tienen la autonomía suficiente (parece que sí) para hacerlo al margen de la estrategia global de negociaciones que BNG y PSOE sí se plantean en la mayoría de los municipios y diputaciones donde se necesitan. O si por el interés general de los acuerdos entre nacionalistas y socialistas, Lores accede a enrolar a los concejales del PSOE en el gabinete para que Carmela permita la repetición del gobierno coaligado en Diputación que, sin duda, es la aspiración de César Mosquera quien teme por la continuidad de sus políticas de expansión de composteros y lombos por la provincia. En estas negociaciones administrar los tiempos es un arte. Lores hace un Penélope frente a la insistente oferta de Tino Fernández. Carmela condiciona cualquier conversación hasta el 16 de junio, una vez comprobado que pasó con las alcaldías en juego. Indicativo.

Primeras víctimas colaterales

Una semana después de votar apenas hay un fracaso reconocido que se tradujo en una dimisión notable. Sin duda así hay que leer la renuncia de Luís Rei a continuar al frente de Marea Pontevedra después de semejante varapalo que ha llevado esta formación perdiendo toda presencia en el Concello. De dos escaños antes a cero patatero. Constituye el caso más señalado de asunción de responsabilidades. Aunque sigo teniendo para mí que Luís Rei es una víctima colateral de la suma de errores de Luis Villares, Pablo Iglesias y otros santones de la izquierda populista que se metieron en una guerra civil. Lo escribimos después del 26M: el divorcio entre las Mareas y Podemos, les ha matado. Pocas veces he visto en política tirar por la borda un capital de votos e ilusión como el que habían cosechado en apenas cuatro años. Han palmado tres alcaldías de referencia como Santiago, Ferrol y A Coruña y se han dejado concejalías en muchos municipios donde han pasado a ser irrelevantes cuando no inexistentes.

En este compendio de consecuencias del resultado del 26M destaca el portazo que acaba de dar María Rey a Ciudadanos. No tanto por que no fuera esperado; sino por el momento elegido y el trasfondo que rezuma. La comparecencia de ayer de la hasta ahora concejala de C´s evidenció el mar de fondo que una vez más relativiza la supuesta unidad argumental que pretende Albert Rivera entre los suyos. María estaba dolida por el feo que le hizo la dirección del partido naranja cuando le comunicaron tarde, mal y a deshora que no iba a repetir como póster electoral en Pontevedra. La apuesta por Goyo Revenga no generó ganancia. C´s sacó 2.162 con él y en el 2015, 2.268 con María. Pasaron por los pelos el listón del 5 %.

María Rey se va y le acompaña parte de la dirección local que queda en cuadro. Goyo Revenga se queda al timón, pero casi sin tripulación, mientras militantes y simpatizantes aún aguardan una explicación de aquel relevo.

Relato erróneo

En cuanto al BNG toca tiempo de revisión. Hay señales de rutina como el propio Lores reconoció a La Voz de Galicia ayer. En estas mismas páginas asumía que era «algo inevitable despois de 20 anos no goberno municipal», según admitía a Serxio Barral en la entrevista. «Hai que repensar todo», proponía como terapia para sí y su gobierno.

Pero de entrada, el relato que desde la noche electoral se hace desde el BNG para explicar la frustración que produjo no llegar a 13 concejales, sigue siendo profundamente desafortunado. Un desatino estratégico en comunicación y una incongruencia que no pasa la prueba del algodón. Un relato que insiste en achacar la «culpa» a Ence de que Lores no llegase a la mayoría absoluta. Supone un error atribuir una influencia tan superlativa a una empresa en virtud de su capacidad económica y publicitaria que es ahora la misma que tuvo hace cuatro, ocho o doce años.

Por otro lado, ¿si Ence se gastó la millonada que dice Lores que emplearon en frenarle, fue finalmente solo para lograr que el candidato nacionalista perdiese 500 votos con respecto al 2015 y un concejal? Exigua renta.

Los dirigentes del partido nacionalista siguen con una mala digestión del 26M. Tanto que se olvidan de anteponer a la excusa de la supuesta influencia de Ence que el Bloque obtuvo su segundo mejor resultado histórico en municipales en Pontevedra. De modo que, con o sin ayuda del PSOE, va a seguir gobernando cuatro años más esta ciudad, con Miguel Anxo Fernández Lores encaminando su sexto mandato consecutivo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
10 votos
Comentarios

Semana de excusas y digestión pesada