«El aborto es un derecho que de primeras ninguna mujer quiere usar»

Diana López, autora de «Maternofobia» asegura que «faltan perspectiva de género, empatía y compasión; sobre todo en obstetricia y ginecología»


santiago / la voz

La maternidad no es el destino inexorable de las mujeres. Y sin embargo, sobrepasar los 30 años es sinónimo de soportar las opiniones de todo el mundo sobre la tuya. Bajo el título de Maternofobia, la periodista Diana López (Pontevedra, 1986) disecciona con maestría en su último libro -que sale hoy a la venta- las incongruencias de un sistema que te exige ser madre pero a la vez pone todas las trabas.

 -El libro arranca con la experiencia de un aborto. Ha sido una manera de paliar el silencio.

-Incluso entre mis amigas me enteré de que había abortado después de haber escrito yo sobre el tema. Al final, la vergüenza del aborto la seguimos cargando claramente, y creo que eso es precisamente algo de lo que se aprovechan las personas que quieren quitarnos ese derecho, de la vergüenza que sentimos para defender el aborto en primera persona.

-Aparecen diferentes testimonios de mujeres que han abortado y se repiten dos experiencias: la que infantiliza y la que reprocha.

-En la sanidad pública y en concreto las áreas de obstetricia y ginecología falta perspectiva e género, empatía y compasión. Una persona que está pasando por una situación de máxima vulnerabilidad lo que menos necesita son reproches y juicios de valor. No somos imbéciles. Nadie aborta por placer, no es divertido. Siempre es un momento, no sé si traumático, pero sí triste. Y están confundiendo a la gente. No abortan las niñas de 18 años. Abortan las mujeres de 29, 30 y 40 años. No son chicas descerebradas, son mujeres adultas y casi todas con trabajo. Tratar a las mujeres que abortan como imbéciles o como adolescentes lo único que hace es llenarlas de culpa, que no compartan sus experiencias y no denuncien el trato que reciben en los hospitales y como están siendo sistemáticamente derivadas a la sanidad privada. Conozco a muy pocas mujeres que no hayan sido cuestionadas.

-Hay un caso en el libro.

-¿En Cataluña, no? Curiosamente el trabajo de la psicóloga o trabajadora social (en mi caso fue psicóloga) lejos de ser un trabajo de apoyo, de empatía y casi de compasión (porque el aborto es un derecho que ninguna mujer quiere utilizar así de primeras), es de cuestionamiento absoluto y de bastante humillación.

-Luego está lo de que cumplir 30 significa que todo el mundo opine sobre tu maternidad.

-De hecho recojo testimonios de mujeres con cosas delirantes. Es algo con lo que, como bien sabes, a partir de los 30 tenemos que ir cargando, porque alguien pone el contador y te dice que te vayas despidiendo de la juventud porque ya va siendo hora de que dejes de hacer el imbécil. A partir de los 30 ya no está bien visto. Se acabaron las prórrogas.

-Es la misma sociedad que pone las trabas.

-Creo que más que la sociedad es el entorno. Nos hemos incorporado masivamente al mercado laboral y para demostrar que somos válidas hemos renunciado a nuestros proyectos personales en virtud de los de la empresa. Y luego está la inestabilidad emocional. En los 90, la gente se casaba con veintipocos años y daban por hecho que estarían con esa persona el resto de su vida. Nosotras cada vez que empezamos una relación pensamos a ver si nos llega hasta el verano [ríe]. Y no veo a muchos hombres de treinta y pocos demasiado preocupados en querer tener hijos.

-Y la paternidad no acarrea los mismos problemas.

-No, no los tienen desde el momento en el que la anticoncepción no va con ellos. Toda la responsabilidad de quedarse embarazada o de un contagio de una ETS acaba recayendo en las mujeres. Además, también hay un cierto grado de egoísmo. Yo no es que crea muchísimo en el reloj biológico, pero tener hijos a los 40 obviamente no es tan fácil como a los 30. Y he visto a mujeres que han esperado a que sea el hombre el que marque los tiempos, porque quiere disfrutar de su juventud.

-En apenas seis páginas se desmorona el mantra de la crisis demográfica.

-Es algo que me cabrea porque se responsabiliza constantemente a las mujeres de la crisis demográfica. Responsabilizar a las mujeres de la crisis demográfica es muy perverso y es de nuevo inocular el sentimiento de culpa en las mujeres que hemos conseguido salir del hogar y estar en el mercado laboral y en el mundo social. Y luego que es una puñetera mentira. ¿Por qué dicen que hay menos gente? Hay más gente que nunca, somos el cáncer de la Tierra. Para mí es un concepto absolutamente conservador y católico. Es la gran estafa de la crisis, primero vincularla con que hay pocos niños, y segundo, decir que hay poca población.

-Hay un capítulo que habla de la mística de la maternidad.

-En épocas de crisis al capitalismo le compensa mandar a las mujeres de vuelta a casa para que ejerzan el trabajo de cuidadoras y doméstico que tendría que proporcionar un estado del bienestar. ¿Cómo? Recordándoles a las mujeres que su principal función y lo que las hace ser mujeres de verdad y ser felices es ser madres. Bajo la magia del amor maternal se ha devuelto a las mujeres al hogar y les han quitado derechos a lo largo de toda la historia. Es un tema que me preocupa especialmente porque desde cierto sector del feminismo se apoya mucho esta maternidad intensiva. Lo que hay que conseguir es conciliar unos y otras, porque mientras ellos no concilien está claro que todo va a recaer en nuestros hombros.

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