Pontevedra repara la memoria de los siete vecinos víctimas de los nazis

«Reivindicamos e celebramos o seu legado invencible», dijo el alcalde, Fernández Lores


pontevedra / la voz

Felisa Martínez, vecina de Marcón, murió deseando que su hijo Manuel Coto se hubiese exiliado a Rusia y viviese allí feliz. Ojalá que así fuese. Pero Manuel, como otros seis pontevedreses, sufrió el horror nazi. Fue prisionero en el campo de Gusen -que dependía de Mauthausen- y no sobrevivió, como tampoco lo hicieron Urbano Sanmartín, Antonio Gómez y Claudio Tizón. Sí salieron vivos Ramón García -andaluz, pero vecino de Campañó-, Macario Cortegoso y Manuel Pérez. Pero arrastraron las huellas del Holocausto. Ayer, volvieron a la memoria. No se les devolvió la dignidad porque, como dijo el alcalde, Fernández Lores, «nunca a perderan», pero se les rescató del olvido. Es más, Lores sentenció: «Reivindicamos e celebramos o seu legado invencible».

Llovía a cántaros y la mañana de sábado estaba desagradable en Pontevedra. Daba gusto cruzar la puerta del Principal, donde al mediodía comenzó el acto de homenaje a los siete pontevedreses víctimas del horror nazi. Sin embargo, conforme sus historias fueron saliendo de la boca de personas como el historiador Xosé Álvarez Castro, el teatro se quedó más gélido que la calle. Ni siquiera la voz de Marcelo DoBode cantando «agarderei polo albor dun novo día» era capaz de barrer la tristeza. Cómo no caer en ella si se recordó que Manuel Pérez, de Xeve, que sobrevivió al campo de exterminio pese a estar a punto de ser asesinado, quedó marcado para siempre y tuvo que ser ingresado sucesivamente por su mal estado psicológico. Se murió sin poder volver a su tierra, a los 54 años.

El tango que nunca bailaron

Cómo sortear la tristeza si ayer, en el Principal, salió a la luz que Manuel Coto, de Marcón, que murió en el campo de Gusen, escribió a su compañera Matilde, que estaba embarazada cuando a él le obligaron a ir a luchar en el bando franquista -que luego abandonaría para unirse a las filas republicanas y posteriormente pasar a pie hacia Francia-, que volvería en breve para casarse con ella. Nunca más lo vio. Y ella, en Argentina, décadas después, lloraba al son de un tango que nunca pudieron bailar y que dice: «Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando, su boca que era mía ya no me besa más».

Ayer volvió a sonar ese tango. Y ayer tomaron la palabra los familiares de alguno de estos pontevedreses. Lo intentó una sobrina Matilde, pareja de Manuel Coto, y las lágrimas no le dejaron. Habló con fuerza una sobrina de Manuel Pérez. Recordó a su tío. Y expresó un deseo en voz alta: que el horror vivido sirva de medicina para no repetir la historia.

 

Los siete homenajeados

Macario Cortegoso Martínez: Se sabe que estudiaba Aeronáutica en 1936. Estuvo poco tiempo en Mauthausen. Pero le quedaron enormes secuelas.

Antonio Gómez Torres. En la ficha de Mauthausen consta que nació en Pontevedra y que no cumpliera 26 años cuando llegó allí. Murió, o seguramente lo mataron, en 1945, poco antes de la liberación del campo.

Manuel Pérez Taboada. Era sastre y de Xeve. Sobrevivió a Mauthausen, pero las secuelas del Holocausto marcaron su vida.

Manuel Coto: Canteiro y de Marcón, tampoco sobrevivió a al campo de concentración. Tuvo una hija, que tardó décadas en saber el destino que había tenido su padre.

Claudio Tizón: Apenas sobrevivió un mes en el campo de concentración de Gusen. Se cree que había combatido para evitar la propagación del fascismo por Europa. Lo mataron en 1942.

Ramón García Martínez: Llegó a Mauthausen en los primeros días del campo. Logró sobrevivir. Era almeriense pero, tras padecer el Holocausto, vivió varias décadas en Campañó.

Urbano Sanmartín: Vecino de Mourente, fue detenido en Francia y llevado a Gusen. El historiador Álvarez Castro cree que lo pudieron asesinar con una inyección de gasolina en el corazón. Murió en 1941.

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