Tendremos que emigrar... (o pelear)


Vamos a sacar de nuestros armarios las maletas, las que nos prometimos que nunca saldrían de nuestra memoria. Vamos a llenarlas de recuerdos y de objetos, algún libro, papeles, fotos y demás. Porque nos tenemos que marchar.

Detrás, y en el recuerdo, quedará la ciudad en la que quisimos vivir. Pontevedra amable, Pontevedra acogedora, Pontevedra amistosa… Pontevedra durmiente.

Pontevedra orgullosa de un futuro tan prometedor que tendrá que asistir a más de cinco mil personas, hombres y mujeres, que pasearán por nuestra ciudad pensando… ¿en qué momento? ¿Qué ha pasado?

Y no pasará nada, señores del «viernes social». Lo importante, lo que cuenta, no es la política mal entendida. No es aquella, esa tan retorcida que quiere ser el arte, la doctrina u opinión referente al Gobierno. No. La política, señores, debería ser lo que resuelve los problemas que plantea la convivencia colectiva.

Y hablando de convivencia, y de colectividad, y de grupos; tengo una pregunta para los que se alegren del posible cierre de Ence: ¿os daréis cuenta de la crisis que se nos vendría? Alguno pensará en lo bello de un Lourizán vacío de chimeneas, almacenes y depósitos. También alguno maldecirá porque sólo le quedará trocar su trabajo por una pensión que no desea, un paseo matinal y una vida arruinada; no quedará otra. Y dirán, lo presentimos, hemos cambiado todo esto por un solar vacío, apetito de las administraciones, terreno virgen para una segura especulación.

Y mientras, Pontevedra seguirá durmiendo en el sueño amorfo de ciudad tranquila; y cierta generación, en años futuros, nos dirá que perdimos el presente

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

Tendremos que emigrar... (o pelear)