Colegios especiales reivindican su razón de ser ante el debate sobre su futuro

En Pontevedra, Amencer da cabida a 27 niños en su centro escolar y Xoán XXIII tiene 24 alumnos de tres a 21 años


pontevedra / la voz

Desde hace tiempo, existe un debate sobre los colegios de educación especial a los que acuden niños y jóvenes con discapacidades severas -en Pontevedra, Amencer y Xoán XXIII tienen esas dependencias-. Hay quien aboga por eliminarlos, ya que cree que esos niños tienen que estar integrados en colegios ordinarios. Y quien cree que deben seguir existiendo porque, actualmente, los centros al uso no están preparados para atender a estas personas. El debate creció con la reforma de la Lomce, que limita la escolarización en colegios especiales a los casos más graves. Hubo protestas y estupor. La ministra Isabel Celaá aclaró luego que no se van a cerrar los colegios especiales. Así que, de momento, hay tranquilidad en ese sentido. Sin embargo, como señalan desde Amencer o Xoán XXIII, todo esto angustia a las familias y obliga a estos colectivos a reivindicar su razón de ser.

Mónica Touriño y Nuria Luque, gerentes de Amencer y Xoán XXIII respectivamente, pronuncian una misma palabra cuando se les pregunta por la posibilidad de integrar a los alumnos de colegios especiales como los que ellas gestionan en centros ordinarios. «Ojalá», dicen. Pero, a continuación, explican que hoy por hoy no lo ven posible. ¿Por qué? Porque no hay recursos y porque el mundo de la discapacidad es inmenso y creen que no puede tomarse la parte por el todo. Ambas tienen experiencia con críos que estuvieron en colegios ordinarios y que luego acudieron a sus colectivos. «Y llegan mal», dice Touriño.

A la gerente de Amencer no le preocupa el futuro del colegio especial que gestiona, donde estudian 27 rapaces de 3 a 21 años. No cree que vayan a cerrar ni este ni ningún otro centro. Lo que le duele es lo que el debate supone a las familias: «Los padres de un niño con discapacidad llevan una mochila cargada de responsabilidad. Y esto es una piedra más. Sienten que se les juzga por tomar la decisión de llevar a su hijo a un colegio especial», indica. Cree que está bajando el número de padres que optan por colegios especiales por este motivo. «Aquí llegamos a tener a 47 alumnos y ahora son 27», dice.

Nuria Luque indica que su centro, con 24 alumnos, envía mensajes de tranquilidad continuamente a las familias. Y señala que inclusión no es darle «a todos lo mismo, sino a cada uno lo que necesita». Explica que cuentan con recursos impensable hoy en la escuela ordinaria, como piscina terapéutica o aula multisensorial.

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