Pontevedra/ La Voz

El Pontevedra se quedó mudo en el último minuto. El gol del empate dejó secos a los jugadores y sin voz a la grada y al banquillo que saboreaban el punto logrado como una decepción difícil de digerir en un partido marcado por las cuestionadas decisiones arbitrales. No fue el encuentro de las ocasiones, pero sí del esfuerzo. Se jugaba más el Pontevedra que el Internacional, pero la fortuna no se vistió de granate en una tarde que lo merecían.

En la primera media hora de partido los equipos no conseguían generar peligro en ninguna de las dos áreas, el Internacional salió bien organizado y muy ordenado en el campo para evitar dejar espacios al conjunto granate, que veía que el tiempo corría sin llegar al área pequeña. El primer gol de Inter de Madrid llegó a saque de córner de Herreros que remata de cabeza Fran y Edu no pudo evitar. El portero pontevedrés tampoco tuvo su tarde. Subía el primer gol al marcador y enmudecía Pasarón. Hacía falta la victoria y la estadística ha demostrado hasta ahora que con un gol en contra al Pontevedra le cuesta remontar. Pero desafiándose a si mismos, en solo tres minutos un centro de Álex González a Romay hace el empate. Dispara sin fortuna y coge el rechace, que ahora sí cruza la meta de Andre, mientras la grada y el técnico granate estaba en pie reclamando la mano de un jugador del Inter dentro del área pequeña. Con el 1-1 en el marcador, el resultado todavía no llegaba para mantenerse vivos. No daba el oxígeno suficiente. El Pontevedra pedía más. El gol de los madrileños metió a los granates una inyección de revancha que le duró esos tres minutos. El equipo se fue al descanso en tablas sabiendo que en la segunda parte había que vaciarse. No contaban con que a la vuelta de vestuarios, la primera acción de juego dejaría la segunda amarilla para Álex González. El equipo se quedaba con diez y se tenía que aliar a la épica para intentar hacerse con el partido. Con uno menos en Pasarón, el Internacional presionó en el área contraria generando ocasiones tan claras, que parecía que en cualquier momento podría empeorar la situación. Adrián León salvó un disparo que parecía dentro y viendo que se complicaba el partido, los granates, en la única acción clara en la que se aproximaron al área contraria provocarían un córner que saca Borja Domínguez y Bustos, que acababa de entrar por Pibe, convertiría en gol tras un rechace en el segundo palo. 2-1 en el marcador y toda la esperanza abierta. Luismi apuesta por retener el resultado y agota los cambios para dar una tregua al sobreesfuerzo de los jugadores en una tarde marcada por las dudosas decisiones arbitrales. Pedro Vázquez entra por Javi Pazos y Arruabarrena entra a dos minutos del final. Una vez más, un error de Edu deja la puerta abierta al segundo gol de Rafa Mella. Con cuatro minutos de tiempo de descuento por delante ya poco se podía hacer. El equipo estaba bloqueado después de verse con los tres puntos en el bolsillo. El sabor fue demasiado agrio después de el esfuerzo. El punto sabe amargo.

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Un punto amargo para el Pontevedra