«¡Que ese coso no salga más a la carretera!»

Una orden del jefe de Obras Públicas paró un coche inventado en Barro en 1949; ocho años antes de fabricarse el Seat 600


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«¡Que ese coso no salga más a la carretera!» Con esa tajante orden pronunciada en 1953 por el entonces jefe de Obras Públicas en Pontevedra quedó fuera de la circulación un vehículo que se había fabricado en Barro en 1949. Sí. Leyeron bien. En 1949, ocho años antes de que Seat se pusiese manos a la obra con uno de los coche más famosos de la época, el 600. Aquel jefe mató el vehículo, que no volvió a usarse y quedó arrinconado para siempre en el taller de Porráns en el que había sido inventado. Pero aquel mismo hombre también hizo nacer el mito. A parir de ahí, el coche made in Barro quedó bautizado como El Coso. Han pasado muchas generaciones desde entonces; se cambió la dictadura por la democracia, el negro por el blanco, el hambre por la abundancia... y, sin embargo, actualmente no faltan chavales en Barro que cuenten la historia de El Coso y que hablen de cómo un mecánico y algunos mozos, a las órdenes de José Moldes, dueño de un taller del mismo nombre, lograron fabricar aquel irreverente automóvil que estuvo unos tres años gastando pista.

La historia suena aún en las tabernas de Barro e incluso está escrita en el libro Barro en imaxes, donde se recogen fotos del vehículo en cuestión que en su día tomó el fotógrafo local Reinaldo. Pero, afortunadamente, aún hay quien pueda contarla de viva voz, porque la vivió en primera persona. Es el caso de Nemesio Magdalena, vecino de A Portela, que trabajaba en la de Moldes cuando fabricaron el coche. No quiere protagonismos. Pero tampoco dejar morir la leyenda. Así que se deja querer y echa la vista atrás, a sus tiempos mozos, cuando trabajaba en el taller de Moldes como herrero, haciendo aperos de labranza. «O xefe, Moldes, que era moi intelixente, tiña amizade cun mecánico de Pontevedra, que eu penso que foi o que lle axudou a pensar como se podía montar o coche. O motor que se usou era un motor de regar os prados, de coller auga. O coche ía a gasolina e collían dúas persoas», cuenta.

 

Dice Nemesio que se le puso la pertinente carrocería, se pintó y se probó «naquelas carreteras que había daquela, que non son as de agora». Tenía también tracción trasera, confeccionada con una cadena de bicicletas y tres caballos de potencia.

Solo dos vehículos más

Que Nemesio recuerde, en Barro por aquel entonces solo tenían coche el médico y el cura y había un par de camiones

«ademais do autobús de linea»

. Así que la invención de El Coso no le pasó desapercibida al pueblo.

Casi nadie tenía carné tampoco. Así que se estableció que el único que lo conduciría sería el señor Barral, «moi amigo do xefe, de Moldes», recuerda Nemesio. Al parecer, el coche iba de un lado a otro, tronzando caminos, y andaba sin problema alguno. Nemesio llegó a subirse a él en alguna ocasión. Recuerda que «ía bastante rápido para daquela, igual corría tanto como unha bicicleta das boas, e con bastante menos traballo, que non se pedaleaba».

Aunque insiste en que tiene ya muchos años y le falla la memoria, Nemesio se acuerda bien de lo que acabó pasando con el coche: «Si, veu aquel xefe e dixo que sacaran ese coso da carretera, e mira ti algún pavero decidiu que lle quedara o nome de El Coso», explica mientras deja ver una sonrisa picarona.

Al dejar de circular en el año 1953, el vehículo que tantas alegrías había dado en Barro quedó arrinconado entre los cachivaches de aquel negocio de Porráns en el que lo mismo se fabricaban aperos de labranza que se afeitaba a los clientes o se les vendía una bicicleta. Nadie es capaz de decir si un buen día alguien redujo a chatarra lo que quedaba de El Coso o cuál fue el paradero final. Da igual. La leyenda estaba en marcha y aquel cachivache fruto del talento de Moldes y sus chicos ya tenía un hueco en la historia de Barro. Ayudó que el fotógrafo Reinaldo se dejase caer por Porráns y lo inmortalizase en varias instantáneas, en las que también se ve al jefe del taller, a José Moldes.

A Nemesio, que vivió aquello, no le parece para tanto. De hecho, recomienda «contar a historia curta para que o que a lea acabe pronto». Pues eso. Así queda la cosa. O, mejor dicho, El Coso.

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