Trabajo y deporte a turno completo

La plantilla del Arxil sacrifica su vida por una disciplina que lleva en el ADN


pontevedra / La Voz

Llegan apuradas al entrenamiento, tienen las horas cronometradas casi al milímetro porque no se pueden permitir prescindir de su vida laboral para dedicarse solo al baloncesto. La balanza se equilibra entre la pasión y la necesidad. Son profesionales y deportistas de élite, juegan en Liga Femenina 2, una competición equivalente a la Segunda División del fútbol, pero la realidad entre ambas disciplinas es bien distinta. Todas las jugadoras del Arxil coinciden en una misma idea para mantenerse: «somos una familia».

Y como buena familia tanto Maite Méndez como Lino Vázquez comprenden las particularidades de una plantilla que trabaja de día y entrena cuando cae la noche. «Soy la responsable de márketing en mi empresa y trabajo por la mañana hasta las 14.30 y después de cuatro y media a seis media para que me dé tiempo, voy corriendo a entrenar hasta las diez de la noche», explica María Lago, que cumple su noveno año a las órdenes de Maite Méndez. Como el resto de sus compañeras, asegura que la oportunidad de compaginar trabajo y deporte es más fácil en el Arxil. «Aquí el cuerpo técnico te trata antes como persona que como deportista», reconoce Lago, algo que respalda su compañera Aldara. A sus 23 años es la más joven de este grupo de profesionales, pero su experiencia es bien distinta a la del resto. Empezó como fisioterapeuta en un hospital de Pontevedra, pero pronto le ofrecieron la jornada completa.

Hasta ahí todo parecía ir bien, salvo cuando quiso explicar su situación. «Les pedí si podía adelantar una hora la salida, como otras compañeras, pero me dijeron que el deporte no era un motivo para cambiar el horario», comenta. Así que cada día llegaba a la mitad de las sesiones. «Era lo que me daba remuneración, ahora busco un trabajo que pueda dejarme libre esas horas», comenta Aldara.

Un fin de semana sí y otro no viajan y a veces tienen que salir el viernes por al tarde. «Nunca tuve problema en ningún trabajos. Mis jefes lo entendieron, siempre dije que era deportista al llegar a una empresa y jugó a mi favor», comenta Carla Fernández, que es consultora legal en un despacho de abogados. Incluso llegó a poner copas por la noche al acabar los partidos.

Faltan pasos por dar

Las jugadoras del Arxil consideran que se ha avanzado en materia de igualdad, pero esos pasos son solo el principio de un camino. Aseguran que ni los salarios, ni la repercusión mediática están al mismo nivel. «Nosotros somos como un equipo de Segunda División y el baloncesto masculino de nuestra categoría no tiene nada que ver», comenta Fernández, que asegura que esa falta de igualdad se traduce en una menor apuesta de los patrocinadores por las disciplinas femeninas.

Arancha Mallou, una de las máximas anotadoras del equipo con 116 puntos y cerca de 400 minutos esta temporada compagina el mir con el Arxil. Gestiona ambas facetas a la perfección, incluso cuando estaba trabajando en el CGTD. «Desde pequeña sabía que quería jugar al baloncesto y cuando crecí quise dedicarme a la medicina al cien por cien, así que al empezar la carrera, esa fue la prioridad y fiché por equipos que me lo permitiesen», comenta.

Aunque compiten en uno de los niveles más altos del baloncesto, estas jugadoras necesitan trabajar para sobrevivir. El baloncesto le da satisfacciones y ninguna de ellas se imagina la vida sin él. «A mi me da desconexión, son una familia», comenta María Lago. Su compañera Cristina Díaz-Pache resume un pensamiento unánime «la pasión por el baloncesto es lo que nos hace seguir».

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