«Yo abrí la tienda en el 2016 y logré crecer, pero siento que me crujen por todas partes»


pontevedra / la voz

Alejandro Casto debería bailar de alegría. Se supone que las cosas le han ido muy bien laboralmente. No en vano, con 26 años abrió una tienda de tecnología en Raíña Victoria, en Pontevedra, y 24 meses después su negocio no solo le da de comer a él, sino que cuenta con un empleado a media jornada. Sin embargo, cuando se le pregunta por el crecimiento de su establecimiento, la sonrisa amable que mantiene con todos los clientes muda en cara de preocupación y se le frunce el entrecejo. «Yo abrí la tienda en el 2016 y logré crecer, pero siento que me crujen por todas partes. Sube absolutamente todo a principio de año y el tema de la cuota de los autónomos es una carga más», indicaba.

Alejandro cuenta que cuando abrió la tienda, por ser menor de 30 años, recibió una ayuda de seis mil euros. «La tramité en la Asociación de Jóvenes Empresarios y la verdad es que me ayudó a arrancar, me sirvió para remodelar el bajo y poder empezar, aunque lógicamente tuve que invertir mucho más dinero». Al principio se benefició también de la tarifa plana de autónomo y aún ahora no llega a pagar los 283,3 euros de la cuota. Aún así, nota la subida: «Cada euro cuesta», dice.

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«Yo abrí la tienda en el 2016 y logré crecer, pero siento que me crujen por todas partes»