Las dos estudiantes de Bellas Artes que se surten de plásticos para crear

Marta Morán y Andrea Soliño recogen basura de playas y otros espacios para sus propuestas


pontevedra / la voz

Son compañeras de curso en la facultad y, además de amigas, también les une su visión del plástico. Un material que inunda las vidas modernas y que está causando un gran impacto en los mares. En el caso de Marta Morán, asturiana de Gijón que cursa 4º del grado en Bellas Artes, lo que le llevó a usar el plástico como base de sus obras artísticas fue el surf. Ahí empezó todo.

Marta lo cuenta en uno de los talleres de la facultad de Pontevedra. «Nací en una ciudad costera y al hacer surf iba mucho a las playas. Me fijaba en la cantidad de basura que llega, restos de aparejos, botellas de plásticos, tapones, tampones... Está claro que no es suficiente reciclar y que tampoco sabemos a dónde va lo que se recicla», relata.

Aprovecha las salidas para practicar su deporte para recoger basura de los arenales, sobre todo en Patos y A Lanzada, que después separa. Marta solo usa plástico, que una vez quemado emplea en sus propuestas artísticas. Andrea Soliño, que también estudia 4º de Bellas Artes y es de Vigo, emplea además del plástico otros materiales como cuerdas.

Ambas vieron que en el plástico había una vía artística y también de denuncia cuando estuvieron de Erasmus, Marta en Alemania y Andrea en Holanda. «En Alemania trabajé con plástico y me di cuenta de que es un material poco explotado dentro del mundo del arte. Hay que entender el material», matiza Marta.

Andrea, que amplió estudios en Holanda, descubrió en ese país junto a su pareja todo el potencial que tiene el plástico. Lo que hace ella es emplear este material para denunciar que ya hay animales en peligro de extinción por el impacto del plástico. Andrea crea esculturas en vacío que simulan el estómago de tortugas o aves marinas como el albatros y en su interior hay cachitos de plástico.

Las dos tienen esperanza en movimientos e iniciativas a escala mundial vinculadas al plástico. Andrea cita Precious Plastic, que enseña de forma on line a construir máquinas para procesar plástico. «El plástico da lugar a unas bolitas que se trituran y se transforman en lo que se quiera con la ayuda de una impresora en 3D», explica Andrea. Está segura de que en no demasiado tiempo se llegarán a comercializar esas máquinas. Su técnica mixta entre plástico y cuerdas necesita mucho material. Cuando estuvo un mes trabajando en un bar se surtía de plástico del establecimiento.

Marta también apunta que en el día a día hay pequeñas cosas que se pueden hacer para no contribuir a aumentar la cantidad de plástico que se consume. «Procuro ir al supermercado con una bolsa de malla para la fruta, para que no me den más plástico, y usar el cristal», señala.

Las dos estudiantes de Bellas Artes tienen mucho camino por delante. Marta tiene en mente estudiar un máster en arte contemporáneo y conceptual y va a colaborar con Coge 3 y su cruzada contra el plástico, una organización no gubernamental que nació hace tres años en la costa de gallega gracias a un grupo de amigos. Ese Coge 3 significa que cuando alguien vaya a la naturaleza recoja del suelo tres piezas de basura. A Andrea le atrae esa vía de denuncia de la contaminación y el consumismo. Las dos coinciden en que a veces es difícil ver la labor de concienciación que tiene el arte y cómo esos materiales de desecho siguen teniendo importancia en otros aspectos.

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