El carro antes que los bueyes

El complejo deportivo del barrio de A Parda y la puesta en marcha de un sistema de transporte urbano en autobús constituyen sendos ejemplos de fracasos acumulados


La pretendida construcción de un complejo lúdico deportivo en A Parda constituye el ejemplo más evidente en Pontevedra de la suma de fracasos que puede llegar a acumular un emprendimiento público. Durante las dos últimas décadas los sucesivos proyectos con planteamientos más o menos ambiciosos y desarrollos que oscilaron entre la pura iniciativa pública hasta la financiación privada, se han ido estrellando hasta confeccionar un compendio de decepciones. Incluso en la actualidad. Hace un par de años, el actual gobierno municipal se embarcó en resucitar el proyecto con un reenfoque de las instalaciones a construir cuya inauguración esperaba realizar Miguel Anxo Fernández Lores en 2019. Va a ser que no.

Del mismo modo ha ocurrido con otro «desiderátum» que sigue atascado la mitra de años. Me refiero a la implantación de un transporte urbano en autobús que suponga un servicio claro, reglado y competitivo, obligatorio por ley en ciudades de más de 50.000 habitantes. Supone una de las mayores contradicciones de Pontevedra. Somos ejemplo de calmado de tráfico pero carecemos de una dotación perentoria. Me declaro cansado del sainete de acusaciones que se cruzan Concello de Pontevedra y Xunta de Galicia sobre este asunto. Reuniones, acuerdos parlamentarios incluso el diálogo institucional en el más alto nivel, no han logrado reducir las distancias entre ambas administraciones.

Y así las cosas, en esta semana ocurrían un par de novedades para ambos asuntos que demuestran que muchas veces en política se pone el carro antes que los bueyes.

Un vial fantasma

Cabe preguntarse si tiene sentido adquirir parcelas para el acceso a un futurible centro deportivo que lleva casi dos décadas en el imaginario de los vecinos de Pontevedra Este pues lo único que existe es lo edificado entre 2008 y 2009 que se pudre en medio de la maleza. Ocurre que el Concello acaba de anunciar un principio de acuerdo con propietarios de tres terrenos cuya adquisición por casi 170.000 euros pretendería garantizar la traza de un vial que franquee el paso desde la Avenida Conde de Bugallal hacia el pretendido complejo. Hablar de accesos a una instalación aún inexistente, resulta raro.

Desde que en 1999 se comenzó a especular con ese equipamiento se han sucedido los fiascos. El convenio de 2004 que firmaron Concello, Diputación y Xunta equiparaba la construcción de ese complejo con la del nuevo Pasarón. Pero se ahogó con la quiebra de Teconsa, la constructora que nos legó esas ruinas en A Parda.

En 2012, el socialista Tino Fernández al frente la concejalía de Deportes lanzó la idea de vincular la nueva concesión de las piscinas de Campolongo con la recuperación del proyecto de A Parda. Pero al cabo de dos años de tentativas, la oferta quedó desierta al no interesar a la iniciativa privada.

La «revolución»

Finalmente en este mandato el gabinete de Lores reenfoca el asunto. Cuando la concejala de Deportes Anxos Riveiro lo anuncia en marzo de 2017 lo hace a bombo y platillo. Habla de una «obra emblemática en Pontevedra que suporá unha revolución deportiva e arquitectónica». Compromete un concurso restringido con empresas prestigiosas en este tipo de obras para acometer la ejecución de inmediato y anuncia que se financiará con fondos públicos. Pero la envergadura de la obra compromete la capacidad de inversión del Concello pues no bajará de 12 millones de euros entre la obra civil, el IVA y otros gastos asociados.

Semejante lastre ha ido bajando el suflé en el Concello que empieza por consignar una pequeña partida para 2019. Para cuando se suponía que Lores iba a cortar la cinta inaugural. Ahora el Concello aguarda que la Xunta, a través de la Secretaría Xeral de Deportes, eche una mano. En cualquier caso con elecciones municipales a cinco meses vista, cabe ser escéptico sobre los plazos de tan malhadado proyecto.

Esperando por el bus

En cuanto al otro asunto, la eterna espera por un transporte público en autobús tanto urbano como metropolitano, la Xunta acaba de lanzar un ultimátum al Concello que le ha sentado como un tiro al gobierno municipal. Incluso el alcalde telefoneó al presidente de la Xunta para darle una queja que no prosperó.

Estamos ante una colisión entre administraciones. La autonómica aprovechando que para 2019 consumará el Plan de Transporte Público de Galicia quiere que claudiquen las dos grandes ciudades que se resisten: Ferrol y Pontevedra. La administración municipal, coincidiendo con los cinco mandatos de Lores, viene distrayendo con diversas excusas la implantación de un servicio que racionalice las líneas existentes con una oferta atractiva. Más allá de subvencionar el coste del billete de bus a Monteporreiro en el último lustro, poco más ha hecho que «sobar el balón en el centro del campo». Desoyendo mandatos parlamentarios y dejando sin ejecutar partidas presupuestarias del orzamento municipal como los 200.000 euros que impuso el grupo municipal de Marea en 2017 para que Pontevedra se adhiriera al Plan de Transporte Metropolitano de Galicia.

La última excusa es que se requiere de un estudio que realice una consultora externa que aún no ha encontrado para «propoñer unha rede o mais operativa posible», según el alcalde. La verdad es que después de 20 años, la excusa resulta increíble.

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