Lores a maestros jubilados: «Queremos seguir contando coa opinión sénior»

El Concello rinde homenaje en el colegio de Campolongo a un grupo de profesores del municipio que dejaron las aulas


pontevedra / la voz

El olor a rosca inunda el salón de actos del colegio de educación primaria (CEP) Campolongo. Fue el escenario elegido ayer por el Concello de Pontevedra para la celebración del segundo Día do Mestre que organiza la Administración local como una forma de agradecer el trabajo de profesores que han dejado las aulas. Alumnos de 4º de primaria esperan inquietos al alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores (BNG), a la concejala de Educación, Carme Fouces, y a los protagonistas: los maestros. Para este segundo Día do Mestre habían confirmado asistencia unos treinta docentes. Al final acudieron una veintena.

Antes de compartir un café distendido con rosca y churros, toca escuchar los discursos. La concejala de Educación remacha que este acto «é de todos». La iniciativa municipal nació en el 2017 como una particular forma de sumarse al Día Internacional del Docente, que se celebra cada 30 de noviembre. «Calquera docente xubilado de Pontevedra está convidado, Campolongo é un colexio de portas abertas sempre a disposición», recalcó Fouces.

El regidor fue también breve. Aludió a que es un acto «moi agradable, necesario e merecido» porque «o ensino e a formación das persoas é unha cuestión fundamental que nos fai a todos mellores». Lores hizo hincapié en que las ciudades se construyen entre todos y, usando el plural, le dirigió un mensaje a los maestros jubilados que lo escuchaban: «Queremos seguir contando con todos vós, a opinión sénior é absolutamente fundamental». O Día do Mestre irá rotando por otros centros el año que viene.

Tras la foto de familia, algunos de los profesores contaron a La Voz su experiencia y su visión del homenaje. Marina Laredo fue profesora en el colegio de Campolongo. En este centro se jubiló en el 2004. «Es la primera vez que me llaman. Está bien que reconozcan la profesión porque cuidamos a los niños y los preparamos», cuenta. Marina hacía tiempo que no pisaba las aulas de su excolegio, aunque ella es de esas personas que se adoptó muy bien a la jubilación. «Mucha gente no valora la profesión de maestra, la ven más como una guardería que como un colegio», asegura. A ella siempre le gustó dar clase a niños no tan pequeños, hasta que le tocaron los chiquitines y disfrutó mucho. «Son como esponjitas», recuerda. A la hora de contar alguna anécdota, rememora una que tiene que ver con el libro Palau, que usaban para aprender a leer por sílabas. «Además de las sílabas llevaban un dibujo, un niño del rural en lugar de leer pa-lo al ver el dibujo dijo, ‘garabullo’».

José Carlos Otero se jubiló hace cinco años y durante catorce fue director del colegio de Campolongo. «Quiero felicitar al Concello por esta iniciativa que supone un reconocimiento público a la docencia en una sociedad en la que a veces se olvidan determinados valores. Fue algo sencillo y entrañable», afirma. José Carlos, que quizá echó en falta la intervención de algún docente en representación de los convocados, fue un profesor vocacional y echa de menos el contacto con los alumnos. Del que fue su centro destaca que siempre estuvo abierto a la sociedad, fue el primero de Pontevedra en contar con comedor y en editar una unidad didáctica sobre el Gafos.

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