Cuatro gamberros y un loro desvalido

Un testigo contó a la policía que un cuarteto de rapaces fueron los que arrancaron a Ravachol de su sitio


pontevedra / la voz

Desde el minuto cero, desde que los viandantes comprobaron, el domingo por la mañana, que ni Ravachol ni su pedestal estaban en su lugar en A Peregrina, donde antiguamente era la botica de Perfecto Feijoo, todo el mundo tenía claro que allí no había ocurrido ningún accidente. Se sospechaba, cómo no, de una gamberrada. Y la sabiduría popular no se equivocaba. Manuel Omil, portavoz de la Policía Local de Pontevedra, confirmó ayer que hay un testigo que vio a cuatro rapaces arrancar al animal de su sitio. Como no se ensañaron con la figura, sino que simplemente la quitaron de su sitio para llevarla hasta el cercano santuario de A Peregrina y dejarla allí tirada, no se considera que hayan cometido un acto vandálico, Omil habló de «una gamberrada».

Ravachol, gracias al saber hacer del escultor José Luis Penado, moraba tranquilamente en un pedestal en A Peregrina desde el 2006. Desde ahí el loro viajaba a la casa de miles de personas en forma de fotografía, ya que no hay turista que pase por la Boa Vila que no pare a hacerse un retrato con el ave hecha escultura. Hasta que en la madrugada del domingo una gamberrada se cruzó en su camino. Dice el testigo que eran sobre las siete de la mañana cuando vio a los chavales -la policía de momento no precisa qué edad tenían-. Menos de una hora después una patrulla pasaba por la zona y ya se topaba con los destrozos y con la estatua de Ravachol tirada en el suelo a pocos metros.

Visualizar las grabaciones

La aparición del testigo facilitó las cosas para saber que no se trató de ningún accidente. Pero el quid de la cuestión es identificar a los autores y que paguen por los daños ocasionados. Y eso sí que se presupone que no será tan rápido. No en vano, la policía debe esperar a que le entreguen las grabaciones de los establecimientos que hay en la zona o a visualizar las propias cámaras de tráfico y comprobar si en alguna imagen se les puede identificar. Hay otra opción, que sería bastante más fácil y más loable: que los autores se arrepientan, asuman la responsabilidad y carguen con las consecuencias.

Tanto Manuel Omil como el portavoz del gobierno local, Raimundo González Carballo, se refirieron ayer a que se trata de una gamberrada puntual y señalaron que, afortunadamente, las esculturas pontevedresas no sufren actos vandálicos de forma continua. Aún así, cabe recordar que en los últimos tiempos sí se registraron algunos desperfectos. Por ejemplo, la estatua del Fiel Contraste apareció un día totalmente pintarrajeada, para espanto de muchos viandantes y del propio autor, Ramón Conde, que lamentaba profundamente lo ocurrido.

Tampoco le va demasiado bien al Valle-Inclán de la plaza de Méndez Núñez. Le rompieron una mano y es habitual que pierda el bastón. Aunque hay que decir que en este caso se juntan las gamberradas con los accidentes de tráfico que de cuando en cuando se producen contra la estatua. Y otra obra de arte que sufrió numerosos daños hasta que el Concello dejó ya de arreglarla y ahora permanece incompleta es la de la señora con las gallinas que hay junto a la plaza de abastos. A la pobre mujer le faltan ahora mismo todas las aves.

Con Ravachol y su estatua, lo mejor que les podría pasar a los gamberros es que el loro reviviese cuando lo estaban arrancando del sitio. Seguro que sacaba su lengua afilada y burlona y les demostraba que se puede ser gracioso sin tener que hacer ninguna fechoría que se acabe pagando con los impuestos de todos.

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