El alcalde se diploma en la Sorbona

El estilo franco y directo de Lores encandiló a los asistentes a su clase magistral en la universidad


Se puede decir que el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores (BNG), triunfó en la Sorbona. La «máster class» (que viene a ser una clase magistral o, en otras palabras, una conferencia con preguntas), que ofreció en la histórica universidad francesa se saldó con un aprobado muy alto. El estilo directo y franco del ponente, pese a la distancia que marca el tener que apoyarse casi permanentemente en una traductora (cuando Lores, en realidad, va por libre), se ganó a los asistentes, que fundamentalmente eran alumnos de un máster en Diseño Urbano a quienes, seguramente, algún profesor «recomendó» la asistencia a la sesión.

Lores impartió su «clase» en el aula D-640 de la Sorbona. No era un aula magna ni un auditorio, sino una clase universitaria más, con su encerado y sus pupitres corridos, con capacidad para 110 alumnos. Inmediatamente antes de la intervención del alcalde, en el aula D-640 se impartió una sesión de una asignatura llamada «Sexo y género».

Ya metido en faena, y ante un auditorio que al principio parecía escaso pero luego se fue animando en número -en eso los franceses parecían españoles: un minuto antes de empezar el aula estaba casi vacía y en el momento de arrancar se medio llenó-, Lores arrancó con una disertación sobre el modelo de ciudad, sobre la Pontevedra peatonal y la evolución de la ciudad en estos últimos veinte años. Pese a que el alcalde lleva escrita su intervención, la traductora ocasional -la exconcejala María Xesús López Escudeiro- se las veía y se las deseaba para seguir el ritmo del alcalde.

Pero fue en el turno de preguntas de los «alumnos» cuando el regidor se encontró en su salsa y encandiló a los asistentes. Porque se salió del guion y fue Lores en estado puro, despertando con su estilo más socarrón más de una carcajada entre el público. Incluso sin necesidad de traducción.

Como cuando advirtió que no hay que llevarse a engaño, «que no se puede gobernar para todo el mundo. Siempre va a haber alguien que no esté de acuerdo con tus decisiones. Eso hay que asumirlo y reivindicarlo». El estudiante que dio pie a esta respuesta dejó a Lores con la boca abierta cuando le formuló la pregunta en gallego. Era Mario Rubinos, un joven de 21 años de Becerreá (Lugo), que estudia en París Ciencias Políticas y Derecho y que asistió a la charla tras verla anunciada en un periódico.

«Interesante y amena»

No era el único gallego entre el público. También había dos pontevedresas que actualmente trabajan en París y no quisieron perderse la intervención de su alcalde. Eran Elisa Boullosa, una arquitecta técnica natural de Lusquiños (Tomeza) y Lucía Fiuza, profesora en un instituto parisino. A ambas les pareció «interesante y amena» la intervención de Lores, a quien no conocían previamente pero con el que departieron un rato al finalizar la sesión. Las dos regresan a Pontevedra en vacaciones, y Elisa Boullosa destacaba que el modelo de ciudad le hace sentirse relajada cuando vuelve a su ciudad. «Parece como si en Pontevedra no hubiera problemas», afirmaba. Eso sí, exportar el modelo a una ciudad tan caótica como París le parece poco menos que imposible. «Yo no lo veo, pero quién sabe...», afirmó.

La Voz en París

Admiración por la extensión del espacio peatonal: en dieciocho años, pasó del 24 al 73 %

Durante su intervención en la Sorbona, Lores dejó tres datos que causaron sorpresa. Dos son a los que recurre habitualmente el alcalde en este tipo de charlas: la reducción en un 67 % de la emisión de gases procedentes del tráfico y los beneficios palpables en materia de seguridad vial, pues de los 30 accidentes mortales en el casco urbano registrados entre 1997 y 2007 se pasó a 3 entre el 2007 y el 2011, y a 0 en los últimos siete años.

Pero hubo otro dato menos recurrente y que causó algún murmullo de admiración entre los asistentes: en 1999 las zonas peatonales en la ciudad de Pontevedra eran el 24 % del espacio público, y en el año 2017 el porcentaje se había elevado hasta el 73 %. Y sigue aumentando.

En el turno de preguntas de los asistentes, Lores tuvo la ocasión de explayarse sobre lo que queda por hacer (extender el modelo a los núcleos rurales y a los barrios periféricos, contestó); sobre que sí que cree que lo hecho en Pontevedra es exportable a ciudades grandes como París; o sobre lo que él denomina «unidad de vecindad», que es que cualquier ciudadano tenga todos los servicios a menos de quince minutos caminando. Hubo quien cuestionó si eso no supone una segregación entre vecinos del centro y los de las afueras.

También se le preguntó a Lores sobre cómo se financió la transformación urbana de Pontevedra en plena crisis económica, y ahí el alcalde dejó otra de sus perlas: «Hacer las cosas bien no sale más caro que hacerlas mal», dijo. Subrayó que en Pontevedra se priorizó el cambio urbano y destacó que «el incremento del sentimiento de pertenencia y del orgullo de vivir en Pontevedra no se pueden cuantificar».

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