Hay más colores que el negro

El comercio de proximidad se reivindica frente al empuje asfixiante de las plataformas «on line» en vísperas del Black Friday y la campaña de Navidad


El comercio de proximidad tiene cara. Probablemente su propietario sea un autónomo al que conocemos por el nombre. Incluso un vecino. Seguramente dará empleo a una o dos personas más y quizás alguna de ellas sea también conocida, una amiga o hasta un pariente. El dinero que me gasto en ese establecimiento no va a parar a ningún país extranjero, ni acaba en un paraíso fiscal. Ese dinero circula entre nosotros. Queda aquí. Paga impuestos y seguros y por tanto estructura tejido social y genera solidaridad.

El comercio de proximidad consolida ciudades, villas y pueblos. Ambienta calles y plazas. Genera movimiento y por tanto cohesiona. Hace ciudad. Por el contrario allí donde se empiezan a bajar persianas, donde cierran numerosos establecimientos decrece la actividad económica, decae el tránsito peatonal, las calles pierden ambiente, se vuelven desérticas y aumenta la inseguridad.

Salvemos el comercio local

Miles de autónomos y emprendedores (más de 50.000 en Galicia) generan empleo y movimiento económico entre nosotros mientras pelean a diario para sobrevivir. Son superhéroes. Han tenido que sortear la llegada de las grandes superficies comerciales. El aterrizaje de esos monstruos de la distribución ya cribó y dejó cadáveres en las cunetas. Luego vino la Lei de Comercio de Galicia y la liberalización de horarios. Otra puñalada trapera para el comercio de proximidad que pelea en manifiesta desigualdad, de nuevo, contra las grandes superficies. Y ahora, el enemigo llega en remoto. Son las plataformas de venta por Internet que destrozan la competencia con ofertas inalcanzables y una logística tan brutal que les permite poner un producto en cualquier rincón del mundo solo unas horas después de haberlo adquirido a través de nuestro smartphone.

Se trata de una batalla desigual por que la competencia en precios es atroz a favor de las empresas de «e-commerce», que además están abiertas todo el día, gozan de un márketing muy potente y del añadido de «estar de moda». En ese sentido he leído un dato tremendamente sobrecogedor que aportó el Instituto Nacional de Estadística (INE): en el 2017 algo más de 800.000 gallegos compraron a través de plataformas on line; es decir, tres de cada diez gallegos prefirieron hacer sus compras remotamente, a través del móvil, la tableta o el ordenador en lugar de acudir al comercio de proximidad de sus localidades.

Inventiva y apoyos

Hagan memoria. ¿Cuántos comercios y tiendas recuerdan que ya han cerrado en sus entornos? Seamos conscientes de que cada vez que optamos por comprar a Amazon, Wish, Alibaba, Rakuten o Ebay estamos menoscabando el comercio de proximidad de nuestra población. Estamos enriqueciendo a alguien que está a miles de kilómetros y no tiene ni idea de qué es y dónde están Pontevedra, Marín o Vilagarcía. Ni pagan salarios ni pagan impuestos aquí, sino que se llevan nuestros dineros a China, Panamá o Islas Vírgenes. No generan riqueza entre nosotros. Tan solo propician un empleo precario con tintes esclavistas en el gremio de los transportistas a los que someten a condiciones leoninas para que cubran los objetivos diarios y semanales de reparto de paquetería.

Asociaciones empresariales como Centro Comercial Urbano Zona Monumental (CCUZM) de Pontevedra, Zona Aberta de Vilagarcía y otras similares han decidido versionar el eslogan de mayo del 68 («La imaginación al poder») buscando resortes para concienciar al consumidor. Movilizaciones como la jornada de escaparates tapados del pasado 8 de noviembre que se secundó en Vilagarcía, Caldas, A Estrada y otras muchas villas de la provincia apeló directamente a la corresponsabilidad en el mantenimiento del comercio local.

Mientras tanto campañas como la que mañana se iniciará en la ciudad de Pontevedra, Namorados dos días de cores, pretende poner en valor las ventajas de comprar en el comercio de proximidad (hasta 200 establecimientos de la capital se han vinculado). Se premiará la fidelidad de la clientela con el incentivo de siete vales de 100 euros cada uno, que se sortearán entre los consumidores que hagan compras en esos comercios durante la semana y por las que recibirán boletos para el sorteo. En suma se contrapone que cualquier día, cualquier color es perfectamente válido para comprar bien en Pontevedra sin necesidad de que sea el Viernes Negro.

Este es uno de los caminos: ingenio y colaboración. El comercio local debe reinventarse para resistir al nuevo enemigo remoto. Empiezan a dibujarse posibles rutas. La reivindicación de la proximidad, la especialización y la atención personalizada son resortes que el comercio local debe enfatizar frente al on line. Y las instituciones como concellos, diputaciones y Xunta de Galicia deben colaborar si quieren que pymes y autónomos sobrevivan al tsunami electrónico. No solo se trata de patrocinar campañas publicitarias.

También son necesarias políticas de apoyo como las reformas urbanas y la adecuación de espacios. En la ciudad de Pontevedra tenemos ejemplos de calles reformadas que se han revitalizado comercialmente. Y el contrario. Por ejemplo, Loureiro Crespo, donde decenas de locales comerciales siguen cerrados. Las obras de humanización anunciadas por el Concello para el 2019 deberían ser un chaleco salvavidas. Aunque muy tardío.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
10 votos
Comentarios

Hay más colores que el negro