La economía colaborativa prende en la ciudad

Al amparo del proyecto A Redeira, numerosas personas intercambian ideas, tiempo, habilidades y servicios


pontevedra / la voz

El diccionario gallego dice que una redeira es la encargada de hacer o reparar redes. Así que el Concello de Pontevedra acertó con el nombre A Redeira para su programa de economía colaborativa. No en vano, se trata de que los ciudadanos tejan redes entre sí; que intercambien horas por ideas, conocimiento o servicios. El proyecto comenzó en Pontevedra hace ya dos años. Pero es ahora cuando empieza a coger fuerza. Ya participaron más de 150 personas en alguna de las iniciativas que se llevaron a cabo y actualmente hay unos 25 ciudadanos que establecieron determinadas alianzas y que intercambian servicios o tiempo entre sí.

A Redeira es colaboración pura y dura desde el inicio. No en vano, aunque lo organiza el Concello de Pontevedra, quien lo gestiona es un trío de autónomas, As Secuoias, con perfiles profesionales distintos que se unieron para abarcar tanto la parte económica como la social y psicológica. Así, las organizadoras son Mariem Filgueira, centrada en asuntos empresariales; Cris Fariña, psicóloga y África Rodríguez, gestora del coworking Arroelo.

Las tres diseñaron un programa muy abierto y con muchas ramificaciones, cuya meta principal es «azuzar a la gente para que colabore entre sí, para que se mueva», indican. Hicieron numerosas actividades, con nombres bien llamativos -como una denominada Para chula a miña parrula- enfocadas a tres públicos distintos: mayores de 65 años, niños y adolescentes y mujeres. Costó empezar a tejer la red. Pero enseguida vieron que había posibilidades de economía colaborativa en Pontevedra. Es más, comprobaron que personas de Vigo o Vilagarcía se acercaban también a A Redeira y ofrecían su conocimiento en algún ámbito a cambio de que les ayudasen a desarrollar una idea empresarial o algún proyecto.

Así se fue gestando una especie de banco de tiempo, un peto colaborativo, como ellas le llaman, donde, por poner un ejemplo, hay personas que reciben ayuda para montar una web a cambio por ejemplo de ofrecer sus habilidades. A otras que tienen una idea para un negocio y necesitan ver si su proyecto gusta, se les ofrece poder exponerlo a cambio de que aporten algo a alguien del banco, a la comunidad o la ciudad.

Inspiradas en Zaragoza

Las gestoras de A Redeira señalan que se inspiraron en un proyecto que lleva años en marcha en Zaragoza, La Colaboradora, en el que participan más de 450 personas y del que salieron numerosos proyectos sociales y empresariales, siempre con la premisa de la economía colaborativa. En la línea de abrir A Redeira al mundo, acaban de ir a Barcelona a un encuentro con ciudades que trabajan en la misma línea.

«Axudáronme coa música e eu organizarei un concerto»

Patricia Castro Vocalista

Patricia Castro lleva años intentando, nunca mejor dicho, darle caña a su proyecto: Mulleres Galegas Kañeras, un punto de unión entre roqueras, metaleras y demás artistas gallegas. Se acercó a A Redeira y una persona de la comunidad le ayudó a armar digitalmente el proyecto. «Axudáronme coa música, que é o meu, e eu organizarei un concerto, unha jam para Kañeras».

«Vengo desde Vigo porque me entusiasma el proyecto»

Raquel Flores Profesora de yoga

Raquel Flores, profesora de yoga y meditación, vive en Vigo pero está ligada a Pontevedra, así que un día se acercó hasta el coworking Arroelo. Allí conoció el proyecto de A Redeira y del banco de tiempo. Y quiso sumarse. De momento, no recibió recompensa en servicios como tal. Pero ella ya aportó algo: «Vengo desde Vigo a dar un curso gratis porque me entusiasma el proyecto».

«O importante é tecer lazos con xente distinta»

Daniel Durán es una persona conocida en Bueu. No en vano, se prestó voluntario para abrir la agencia de lectura de Meiro,. Su ilusión era traspasar fronteras y hacer algo fuera de su municipio. Se unió a A Redeira. Con una asociación de mujeres, creó un club de lectura sobre escritoras. ¿Cómo le pagaron? «O importante é tecer lazos con xente distinta. Eu quería coñecelas e abrir o meu círculo», dice.

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