Dieta sana y ejercicio físico contra la obesidad infantil, un reto «de todos»

Cristina Pérez Gil dio algunas claves para desterrar malos hábitos con los menores


pontevedra / la voz

Activarse ante la obesidad infantil. Fue el mensaje que lanzó este miércoles la enfermera Cristina Pérez Gil, supervisora de Dietética y Nutrición del Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra (Chop), dentro de las Charlas Saludables que organiza La Voz de Galicia en la ciudad. Esta especialista hizo hincapié durante su exposición en que combatir sobrepeso y obesidad en los niños es un compromiso que tiene que implicar a todos los actores -familias, sanitarios, educadores y empresas de alimentación- como sociedad. Es, por tanto, un problema y un reto «de todos».

Un niño gordito se sigue viendo hoy en día por una parte de la población como un niño sano y como una suerte que sea comedor. Preocupa más, sostiene Cristina Pérez Gil, que el menor deje de comer que tenga problemas serios de peso. Ahí, en cambiar esa percepción general, está una de las claves. Y es que si hasta los 3 años el sobrepeso no tiene por qué condicionar el futuro del pequeño, las cosas cambian y mucho entre los 6 y los 9 años. Entre los 10 y los 14 años las probabilidades de que un niño con sobrepeso se convierta en un adulto obeso son ya muy altas, nada menos que de un 75 %.

La enfermera que pronunció la cuarta charla saludable de este año señaló que por sobrepeso y obesidad se entiende «una acumulación anormal y excesiva de grasa que es perjudicial para la salud». Los problemas derivados a corto y a largo plazo son muchos, desde los psicosociales a los músculo-esqueléticos.

¿Y qué podemos hacer para evitar ese sobrepeso y esa obesidad infantil? En España el 44,5 % de los niños entre 6 y 9 años lo eran en el 2011, una cifra que bajó hasta el 41,3 % en el 2015. En Galicia en el 2013 era del 40,7 %. Aún así los números son muy elevadas. Cristina Pérez Gil indicó que para prevenir ese exceso de grasa y de peso hay que actuar sobre el binomio alimentación y ejercicio físico. Ahí está el camino a seguir.

Pesar más de 3,5 kilos al nacer, la ausencia de lactancia materna, no dormir las horas suficientes, tener descontrol horario, no desayunar o que la madre padezca diabetes gestacional durante el embarazo son junto a una dieta baja en frutas y verduras y una actividad sedentaria, como ver la televisión más de tres horas al día, factores de riesgo.

Respecto a la alimentación, la supervisora de Dietética y Nutrición abogó por que sea lo más variada posible, controlando las cantidades. «Es importante variar texturas, sabores y consistencias. En el caso de las verduras, aunque no las coman por lo memos que las vean en el plato», señaló. El desayuno es vital, ya que debe suponer el 20-25 % del aporte diario de calorías. Hay que intentar hacer cinco comidas al día, o cuatro en su defecto. «El 90 % de los niños obesos no desayunan bien. No hay que demonizar las galletas, pero debe haber un lácteo, un cereal y una fruta al menos», apuntó.

Beber agua y no leche

«La leche no es una bebida, sino un alimento, y los kikos no son frutos secos», aclaró la enfermera, que remarcó la importancia de que los niños beban agua. Los menores de 3 años no deben consumir pescados que pueden contener metales pesados (mercurio). Citó el atún rojo, el pez espada o el lucio. Recordó que una dieta sin grasa sería «mortal», pero siempre tiene que haber un equilibrio. La otra pata para combatir el sobrepeso es la actividad física, que sin el control de la alimentación tampoco llega. «Está bien hacer algún deporte, pero también hay que andar, salir a pasear». Y mejor cenar de plato, que leche con gallegas.

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