«Tantas expectativas ponen una presión innecesaria a un niño»

Eva Millet, que estuvo en Pontevedra y en Sanxenxo, afirma que no se puede estar al servicio del hijo


pontevedra / la voz

Eva Millet (Barcelona, 1968) hizo autocrítica con la educación que estaba dando a sus hijos y como periodista se especializó en temas de educación y crianza tras haber trabajado en Londres o México. En el año 2014 puso en marcha un blog y después publicó el ensayo Hiperpaternidad, con el que ha recorrido el país exponiendo su teoría y ayudando a muchas familias a reconducir la educación de sus hijos.

-La charla organizada por el CFR que dio en Pontevedra era para familias y para profesores...

-Sí, de hecho tengo muchos fans entre los maestros. En muchas escuelas me dicen, ‘ostras, nosotros notábamos que algo estaba pasando, que las familias y los niños estaban cambiando, pero no le sabíamos poner nombre’. Ahora este término hiperpaternidad, que no me lo he inventado yo, les ayuda a ponerle nombre.

-Este concepto nació en Estados Unidos y lo hemos importado. ¿Por qué y cómo surgió?

-Un poco como todo, como Halloween, el Black Friday, San Valentín... Todo lo que pasa en América nos viene a Europa. En Estado Unidos empiezan a detectar este tipo de crianza intensiva a finales del siglo pasado y principios de este cuando los responsables de las universidades se dan cuenta de que lo que antes era un rito de pasaje a la edad adulta se estaba convirtiendo en una nueva manera de ejercer de hiperpadres. Venían los alumnos acompañados de sus padres... Esa atención excesiva está empezando a pasar en España.

-¿Que las familias tengan menos hijos está detrás de esa hiperpaternidad o no?

-La tasa es de 1,3 hijos de media por familia, los hijos se tienen tarde, muchas veces hemos tenido ya experiencia laboral antes de ser padres y podemos importar herramientas de la gestión laboral a la de los hijos. También se ha tenido mucho tiempo de pensar cómo va a ser ese hijo. Antes interesaba más que tuviera salud, ahora el niño tiene que ser el pequeño Mozart.

-Usted entiende que eso es negativo para el desarrollo del niño.

-Sí. Esta muy bien dar oportunidades a tu hijo, confiar que va a salir adelante, pero tantas expectativas ponen una presión innecesaria a una persona. Los padres proyectan todo e igual el niño quiere ser algo distinto. Hay que dejar a los hijos que ellos decidan.

-¿Hay padres que actúan así y no son conscientes?

-No somos conscientes, ni yo misma lo fui. Es un fenómeno de países ricos y de clases medias y altas. No solo es sobreprotección, es hiperestimulación, una atención excesiva y estar como al servicio del niño. Es casi como una obsesión. En esta sociedad hay esta sobreprotección y también todo lo contrario, el desamparo absoluto del niño. Como el mundo, se está polarizando. En mi libro hay un test de 30 preguntas para dilucidar el grado de hiperpaternidad. Todos somos hiperpadres, mucho más de lo que lo fueron nuestros padres, pero hay niveles. Hay cinco aspectos de alarma: tener un plan trazado de la vida antes de que nazcan; otro signo es hablar en plural, ‘hemos aprobado’; otro es ayudarle por sistema a hacer los deberes o hacerle los deberes; discrepar con los maestros, entrenadores, otros familiares...; y excusar al niño diciendo que hace cosas malas porque tiene una baja tolerancia a la frustración.

-Detrás de este fenómeno parece haber una pérdida de autoridad...

-Claro. Hay que dejar de preguntarle todo al hijo, la familia no ha de ser una dictadura, como dice el juez Calatayud, pero tiene que haber una sana jerarquía, no es una democracia.

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