Las brigadistas que siempre salen volando

Carmen da la salida desde la emisora y Sonia y Paula van en helicóptero; son luchadoras contra el fuego


pontevedra / la voz

La base aérea de lucha contra los incendios de O Campiño, en Pontevedra, estaba ayer de cumpleaños. Van allá veinte años de funcionamiento. Hubo recepción de autoridades y foto de familia, pero se prescindió de esa ñoña solemnidad que a veces acompaña a estos actos. Así, algunos de los 50 operarios que trabajan en la base seguían haciendo lo de cualquier otro día: enseñarles a los escolares cómo se apaga un incendio, atender a las emisoras, entrenar o hacer mantenimiento del centro... En esas estaban Pablo Doval, Sonia Oubiña, Carmen Juncal y Paula Poy. Sus vivencias permiten conocer bien la historia de la base y su evolución, puesto que Pablo llegó a O Campiño cuando se inauguró la instalación, Carmen lleva ahí casi cuatro años y Paula y Sonia se incorporaron recientemente. Los primero que salta a la vista es que están contentos con lo que hacen: salir volando a bordo del helicóptero cuando se produce un incendio forestal. Hablan de la vocación, de la satisfacción de salvar una casa o una vida. Quizás por eso, aquel domingo trágico del 2017, el 15 de octubre, cuando el fuego cercó el sur gallego, aunque les pilló de descanso, todos acabaron presentándose voluntarios para ir a sofocar las llamas.

Empieza hablando Pablo. De Pontevedra y con 45 años, llegó a O Campiño cuando tenía 25 y era ya ingeniero técnico forestal. No lleva la cuenta de las veces que se subió al helicóptero para aterrizar en un incendio y enfrentarse al fuego. «Son incontables los incendios», dice. Sin embargo, las que se le fueron quedando grabadas en la memoria son algunas imágenes. «Uno de los peores momentos fue el 15 de octubre del año pasado, en As Neves. Sobre las nueve y media de la noche empezaron unas rachas de viento fuertes y el fuego venía de todos lados. En momentos así ves que eres insignificante ante el fuego. Lo único que podíamos hacer era intentar que no se quemaran las casas. Ese día la verdad es que volvimos con sensación de impotencia», recuerda. Otras veces, ocurre todo lo contrario. A su memoria salta entonces un incendio en el monte Xiabre, entre Caldas, Catoira y Vilagarcía. «Salvamos una casa... incluso un compañero grabó ese momento», dice.

En ese punto, las palabras de Pablo coinciden con las de Paula Poy, que es de Poio, tiene 33 años y antes de ser brigadista aérea lo fue terrestre. «Esto es vocacional, es pura adrenalina. Intervenir en un incendio, acabar, volver aquí y sentirte satisfecha por lo que hiciste, por lo que hizo toda la brigada, por ver que las cosas salieron bien, incluso poder decir eso de ‘qué bien nos fue hoy’... eso es lo que engancha. Esto si no te gusta sería difícil de llevar», cuenta Paula con amplia sonrisa.

La cuota femenina

Antes de seguir hablando, Paula, Sonia y Carmen, que hacen corro junto al helicóptero que tiene la Xunta en O Campiño, con sonrisa y cariño pero también con firmeza, invitan a Pablo a abandonar conversación. «Ahora hablamos las mujeres», dicen. Y dicen bien. Porque en la base de O Campiño la representación femenina, en número, es mínima. Pero, escuchándolas, queda claro que sí es notoria. Toma la palabra Sonia, también brigadista y de Vilagarcía. Esta última, que empezó trabajando hace años en las cuadrillas municipales de incendios, no habla solo en su condición de profesional. También lo hace como madre: «Es un trabajo que permite conciliar, al menos a mí, porque haces jornadas de doce horas pero luego libras dos días. Yo venía de brigadas terrestres, hice muchos cursos relacionados con la extinción, y le tenía respeto a ir a los incendios en el helicóptero. Pero me encanta y me engancha. Animo a más mujeres a venir a trabajar aquí».

Carmen, de Ponte Caldelas y con 57 años, las escucha y las mira con mirada de madre. Le devuelven el gesto con un achuchón. Cuenta que ella trabaja en la emisora. Llegó a O Campiño después de ejercer como vigilante forestal en Coirego (Cotobade). Tiene pinta de ser metódica. Buena falta le hace, porque es quien toca la sirena, recoge avisos, da las órdenes de salida del helicóptero... ¿Qué hizo aquel fatídico 15 de octubre? «Andar a mil. Llegamos a tener aquí repostando seis medios aéreos a la vez... imagínate», dice.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

Las brigadistas que siempre salen volando