Con carné de PTV pese a nacer lejos

Son de Marruecos, Ucrania, Taiwan o Uruguay. Pero han hecho de la Boa Vila su hogar. Dicen que la ciudad «acoge bien»


pontevedra / la voz

La historia empieza así: se junta en A Ferrería a un marroquí, una uruguaya, una taiwanesa y una ucraniana... La idea es que uno a uno cuenten qué les trajo a Pontevedra y que digan cómo se sienten en la ciudad. Pero el guion se salta nada más empezar. Y se salta para bien. Desde el minuto cero queda claro que tienen mucho de que hablar, bien sea de lo rico que está el pulpo o de que les cuesta sobrellevar los días de lluvia. El testimonio de cada uno acaba contado muchas historias de la ciudad, cada uno la dibuja con palabras a su manera, desde quien destaca su carácter peatonal a quien habla de la alegría de la gente. Pero hay un denominador común. Sentados en el mismo banco, los cuatro repiten a coro: «Nos gusta Pontevedra, acoge muy bien».

Quizás por ser el más veterano como inmigrante, toma primero la palabra Mustapha Elabboubi. Llegó en 1986 buscando un futuro mejor y deseando jugar al fútbol. Lo hizo en el San Adrián de Cobres. Es hablar del balompié y que la sonrisa se le pinte en la cara. Su familia se dedica a la venta ambulante y, así de primeras, dice que las cosas estaban mejor antes que ahora, que es difícil sobrevivir. Enseguida matiza sus palabras: «Pero no me quejo. Nosotros no estamos ahora mismo viniendo en una patera».

Luego habla Adriana Briñón. Es uruguaya y lleva catorce años en Pontevedra. Se vino por la mejor de las razones: por amor. O por un «posible amor de una persona que hasta entonces era amiga», como ella confiesa. Le fue bien. Tiene dos hijos nacidos en Pontevedra y trabaja como administrativa. Pero no se olvida de lo que vivió antes: «Vine sin papeles y tuve muchos trabajos sin contrato, cuidando niños y limpiando casas», cuenta.

La oportunidad de Adriana

Adriana se emociona al recordar que un hostelero le dio la oportunidad de un contrato y que acabó regularizando su situación. Con solo tres palabras deja claro cómo se siente en la ciudad: «Pontevedra me enamora», remacha.

¿Y Julia Rysevich, de Ucrania, o Chien Yi-Chien de Taiwan? Curiosamente, ellas también están en Pontevedra por amor. Julia llegó hace siete años. Quería vivir con su pareja y buscar un futuro mejor. Siete años después, trabaja como administrativa de recursos humanos. Chien Yi-Chien es una recién llegada. O no. Ella vivió en Pontevedra hace años, cuando vino con una beca para estudiar en la Universidad. Se enamoró de un pontevedrés, que se fue con ella a Asia. Tras tres años allí y una boda de por medio, decidieron probar suerte en la ciudad del Lérez. Lleva aquí desde agosto, sigue estudiando y vende productos médicos a Asia.

Los cuatro hacen una oda a la gastronomía, al carácter gallego, a lo xeitosa que es Pontevedra por su pequeño tamaño y sus facilidades para ir a pie siempre y suspiran ante un posible invierno lluvioso. Si tienen que elegir, aunque adoran todo el marisco, eligen el pulpo. Y eso que Julia advierte: «Antes de venir no tenía ni idea de que eso se comía».

Si tienen que elegir... eligen pulpo. Y eso que alguno no sabía ni que eso se comía

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