Este chico ha venido para quedarse

En apenas dos meses Rafa Domínguez imprimió un cambio de rumbo al Partido Popular local de Pontevedra tanto de puertas adentro como de cara al exterior


Apenas han transcurrido 70 días desde que Rafa Domínguez tomó las riendas del PP pontevedrés tras ser elegido presidente local en el congreso por aclamación, a la búlgara, sin ningún rival y con puente de plata servido por su antecesor. En este tiempo, ha tomado una serie de decisiones que han marcado un cambio de rumbo en el ejercicio político del PP local. Tanto de puertas adentro como de cara al exterior.

Ya se perciben cambios notables tanto en la acción del partido como en la reacción que ha generado, especialmente en el gobierno municipal del BNG. Lejos de ignorar que el principal grupo de la oposición municipal ha relevado a su referente, claramente han acusado mayor recibo del esperable. Evidencian inquietud, incluso quizá preocupación ante el envite del nuevo adversario político. Pasado mañana martes, en el pleno de la corporación municipal, Domínguez Artime se estrenará formalmente como jefe de la oposición. Se sentará en la silla del extremo, la que antes ocupaba Jacobo Moreira, a quien Fernández Lores ha empezado a echar de menos. El chico nuevo ha venido para quedarse.

Reconectarse

En apenas dos meses Rafa Domínguez empieza a demostrar con hechos las nuevas líneas de actuación al frente del PP. Podrían resumirse en un verbo que señala un concepto: reconectarse. Volver a enchufar al partido con sus bases y con su entorno.

Desde que fue elegido presidente local y consiguió que José Benito Suárez Costa aceptase ser su segundo, ambos ya se han pateado un par de veces las quince parroquias del cinturón rural pontevedrés. Bajo la tutoría del que fuera concejal del Rural en el último gobierno municipal del PP en Pontevedra, Rafa Domínguez aprende y escucha. Y entre las muchas escuchadas, una frase se repite: «Es que solo nos llamabais para las elecciones», le dicen los militantes que ahora son convocados a reuniones con el futuro candidato a la alcaldía para conocer sus inquietudes. Cada martes, a las siete de la tarde se convoca en la sede local a diez o quince afiliados de una zona del municipio para reactivar una relación perdida.

Del mismo modo, en el territorio de los gestos, resultó sintomática la visita del nuevo presidente local del PP al Centro de Día de la Asociación Rexurdir, donde se trata a medio centenar de personas, en su mayoría para desengancharse de las drogas. Rafa Domínguez ponderó como político y como médico el trabajo que desarrolla la asociación que preside su colega profesional Anxos Guisán. Marcó un antes y un después, ya que el PP -con Jacobo a los mandos- se había mostrado muy beligerante contra la ubicación de ese centro de día en la Rúa do Cruceiro, al lado del Puente de A Barca y de un par de centros educativos. «En los dos años que lleva funcionando no se ha constatado riesgo alguno para el vecindario», zanjó Rafa Domínguez.

Asimismo, el nuevo dirigente del PP ha manifestado reiteradamente que defiende el «modelo de cidade» porque ya es algo asumido por toda la ciudadanía, lo que viene a resultar un inteligente argumento para evitar que siga siendo exclusivamente patrimonializado por el BNG, que olvida las ayudas del PSOE y del propio PP. Y da un paso más. Propone un compendio de iniciativas que titula Pontevedra en positivo, que pretenden poner en valor diversas potencialidades de la ciudad. Seguramente estamos ante lo que parece un banco de pruebas del futuro programa electoral de gobierno que presentará para la cita de mayo de 2019.

Golpe de efecto

La primera de esas iniciativas fue un golpe de efecto: el pasado 16 de agosto, víspera del Día da Galiza Mártir, presentó la idea de crear un clúster cultural que sirva de motor económico y que tenga por sede la antigua delegación de Hacienda, donde debería residenciarse la Casa de Cultura Municipal, cuyo nombre tiene que ser Alexandre Bóveda, «algo absolutamente innegociable porque Bóveda es patrimonio de todos los pontevedreses», reivindicó el portavoz municipal del Partido Popular.

Un dolor de cabeza

Otro modo de medir el impacto causado por Rafa Domínguez en este par de meses es a través de las reacciones suscitadas en el principal oponente, es decir, el gabinete municipal. Por algunas de las respuestas cosechadas, ha empezado un dolor de cabeza.

Cuando Carme da Silva culpó al nuevo portavoz y a su partido de estar detrás de las protestas de los agentes de la Policía Municipal que molestaron la lectura del pregón de las fiestas ante el Palacio Mugartegui o cuando el propio Fernández Lores responde que a propuestas como la de poner coto al desmadre etílico de las peñas, «non lle fago moito caso porque o PP é o pasado», estamos ante un evidente nerviosismo que nubla mejores argumentaciones.

Difícilmente el nuevo candidato puede imaginarse derrotando a Lores en la próxima cita de mayo. Pero la apuesta real del PP y del propio Domínguez es a cinco años vista, cuando Lores deba haberse echado a un lado por razones biológicas y haya dejado paso a… Anabel Gulías, probablemente. Si es que el actual regidor no le traspasa la alcaldía en el transcurso del próximo mandato.

El reto de Rafa Domínguez es poner coto a la merma de votos y devolver al Partido Popular a las cifras que llegó a tener en esta ciudad en 2007, cuando Telmo Martín rozó la mayoría absoluta.

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