Cuarenta años poniendo el vestuario a punto

Lleva toda la vida desplazándose con el Pontevedra, «que es un miembro más de mi familia»


pontevedra / LA Voz

Cada día cuando el reloj todavía no marca las nueve de la mañana, Rafa Vidal recorre el largo pasillo de suelo azul que conduce bajo la grada al terreno de juego de Pasarón. Mira el campo, las gradas y comprueba que todo sigue tal y como lo dejó el día anterior. Después regresa a una de las salas del estadio y empieza a preparar la equipación granate. Su rutina es su vida. Más que un trabajo es una pasión, que el próximo 17 de octubre romperá. Se jubila. Después de algo más de 40 años en el club, a Vidal le toca ahora dedicarse a su familia. «Empecé como delegado del juvenil, estuve en la directiva y después ya me dedique a esto», explica sentado en el banquillo local. Cuando dice «esto» se refiere a organizar las equipaciones de los 15 equipos y prepararlas para los días de partido o los desplazamientos. «Llevo 41 años viajando con el equipo, descanso los martes», asegura, mientras cree que se le va a hacer raro los primeros días en casa. Apenas tiene recuerdos de un fin de semana con su familia. Así que ahora es turno para ellos.

Mientras explica lo que han supuesto estas cuatro décadas en el Pontevedra, Rafa Vidal reconoce que ha pasado por todos los sentimientos, pero siempre con la seguridad de que «el Pontevedra es tanto como la familia, es un miembro más de mi familia». Eso es incuestionable. Tiene el cariño de los jugadores y de los compañeros, aunque en este sentido también ha visto cómo han cambiado las cosas. «Antes se sentían más los colores y el escudo, éramos más una familia», recuerda. Echará de menos el cariño del equipo a partir del 17 de octubre. «La relación con los jugadores y con los entrenadores es lo que se va a ir perdiendo poco a poco», lamenta el utillero, que cree que es lo que pasará después de que cumpla los 65 años y acuda a Pasarón como un espectador más junto a su nieta pequeña de diez años. «Ella es una hincha de Edu», bromea.

Hasta ahora prefiere ver los partidos desde el túnel de vestuarios, alguna vez estuvo en el banquillo, pero eso es territorio de guerra durante los 90 minutos y él prefiere estar tranquilo. En estos 41 ha vivido de todo en la casa granate y ha visto pasar por los vestuarios a cientos de jugadores y entrenadores, que han dejado en él un cariño especial. El primero es su lista es Juan José Cota, el que es médico del Celta y que creció en las filas granates. «Para mí fue una pena muy grande que se fuese, vino aquí desde pequeño cuando yo era su delegado y llegó a ser el médico del equipo, aún tengo muy buena relación con él», explica. No se olvida de Luisito, del que entre bromas reconoce que era una bomba de relojería. «Le echabas una cerilla y ya prendía», bromea. Ni tampoco de Luismi, del que alaba esa tranquilidad y educación, ya cuando era jugador.

Rafa Vidal asegura que poner el punto y final a su carrera deportiva deja el mismo vacío que cuando un hijo se va de casa. Y eso que su dedicación al equipo también le ha traído algún sinsabor en su vida familiar. «Pero siempre supieron que este trabajo me encantaba y me respetaron», subraya. Cada día madruga para ser de los primeros en llegar a Pasarón y a eso de las ocho de la tarde echa el cierre de su «despacho», una sala llena de equipaciones, bolsas de deportes y banderolas de recuerdo.

En medio de ese ajetreo de ropa, Vidal recuerda que hace años, en uno de los desplazamientos del equipo, se dieron cuenta que las espinilleras se habían quedado en Pontevedra. «Un compañero y yo fuimos a unas obras cercanas a por uralitas y les pusimos trozos a los jugadores sin que nadie se enterase, ahora algo así sería impensable», comenta sobre una vida dedicada al Pontevedra. Es casi capaz de recitar de memoria la alineación del Hai que roelo, uno de los equipos del que tiene mejor recuerdo. «Cuando estaba en Primera División, vine con mi padre a un partido del Real Madrid con los cromos para que los firmasen y se fueron por otra puerta. Creo que desde ese día soy antimadridista», explica Vidal, que borraría de su mente ese día y el que el equipo regresó a Tercera. «Tenemos que agradecer a la presidenta y a Pescamar que salvase el equipo cuando estaba a punto de desaparecer. Este año tengo muy buenas sensaciones», indica sin querer decir mucho más para no arrepentirse a final de temporada.

A Rafa solo le quedan tres partidos en casa y otras tantas salidas para cerrar para siempre su vida laboral, su sala de operaciones bajo las gradas de Pasarón. Si tuviese que pensar en un sueño deportivo, le gustaría ver al equipo otra vez en Segunda. Y si puede ser que sea desde la grada y de la mano de su nieta.

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