El «Partenón» que iba para palacio de congresos y acabó en taller mecánico

Su primer dueño se inspiró en Grecia para construirlo. Le fallaron los planes, lo puso a la venta y ahora es Hemicar

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El «Partenón» que iba para palacio de congresos y acabó en taller mecánico Su primer dueño se inspiró en Grecia para construirlo. Le fallaron los planes, lo puso a la venta y ahora es Hemicar

pontevedra / la voz

Hemicar no es un taller especializado en coches clásicos ni de alta gama, sino que cura pupas de todo tipo de vehículos. Pero bien podría serlo. No en vano, esta empresa de Pontevedra con treinta años a sus espaldas ha cambiado su tradicional ubicación de Lérez por una nave en el polígono industrial de Barro-Meis (Pontevedra) que es, echándole un poco de imaginación, un Partenón a la gallega, digno de atender a los vehículos más elegantes del mundo. Basta decir que en su fachada lucen nueve columnas cilíndricas y un friso bicolor con distintos ornatos. ¿Qué hace un taller en un Partenón? La historia tiene miga. Y empieza años atrás.

José Luis Cereijo, empresario de Portonovo ya jubilado, intentó en su día construir un polígono industrial privado en Barro. En esas estaba cuando viajó a Mallorca y vio el palacio de congresos, que le gustó mucho. Empezó a pensar que ese parque industrial que él planeaba también debía tener uno. También viajó a Grecia. Y el Partenón le deslumbró. Así que, ya de regreso, se puso manos a la obra y encargó el que él creía que podía ser ese palacio congresual siguiendo la estética griega. Pero sus planes se torcieron, el polígono nunca salió adelante y la nave inspirada en Grecia solo sirvió para almacenar aluminio. Así que un día Cereijo le colgó el cartel de se vende. Pedía en el año 2016 un total de 400.000 euros. Tuvo algunas novias. De hecho, ya se la tenía apalabrada a una iglesia anglicana, pero luego sus líderes acabaron en la cárcel y Cereijo, compuesto y sin negocio.

«Non me parecía apropiado»

Mientras todo esto pasaba, el mecánico José Luis Estévez y sus hijos buscaban una nave en la que ampliar su taller. Y dieron con el Partenón. José Luis reconoce que al principio no le gustó: «Non me parecía apropiado para un taller, con esas columnas diante. Pero pouco a pouco funlle vendo o encanto e as comodidades, porque ten moito terreo fóra para aparcar os coches». Acabó comprando la nave y, hace un mes, el cartel de Hemicar se impuso en la fachada del Partenón. Reconocen tanto José Luis Estévez padre como hijo que a los clientes no deja de sorprenderles su nueva nave: «Moitos quedan mirando para a fachada. E nós cada vez vémoslle máis vantaxes, porque está ben construída», indican.

En el 2016, Cereijo ya decía que las bromas con respecto a su ocurrencia arquitectónica no dejaban de sucederse. Hubo quien incluso lo había bautizado como «Portenón», porque almacenaba puertas de aluminio. Y eran muchos los que lo confundían con un tanatorio. Las bromas siguen. Cuenta José Luis Estévez que es habitual que les pregunten si montaron un velatorio o una bodega. «Pero nada de nada, aquí só coches», dice mientras vuelve al tajo en un día en que le sale el trabajo por las orejas. No parece que tenga tiempo para vacaciones. Pero si se le pregunta si iría a ver el Partenón de verdad, enfatiza: «Xa o vin, pero a min non me gustou tanto como para facer un», dice entre risas.

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