Ingresados en el «horno» del Provincial

Familiares de pacientes hospitalizados en la cuarta planta relatan cómo sufren el intenso calor

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pontevedra / la voz

Miércoles, a las 10 horas. El calor que sufre la ciudad de Pontevedra -con el mercurio marcando una máxima de 31 grados para esa jornada- se deja sentir ya desde bien temprano en el Hospital Provincial de Pontevedra. La cuarta planta (Medicina Interna 2) del inmueble sanitario es un hervidero a esas horas de la mañana, además del epicentro de las elevadas temperaturas. Cuanto más arriba, dicen, pega más el calor. Las enfermeras pasan revista a los pacientes que están ingresados en las habitaciones, mientras algunos familiares esperan en la puerta. Más de uno, abanico en mano. En la entrada de los cuartos aguardan en el suelo para ser retiradas las bolsas azules de plástico con la ropa de cama y los camisones y pijamas de los enfermos.

La sensación térmica en el pasillo de la cuarta planta contrasta con la temperatura mucho más suave que hace en el exterior del edificio, que es de 23 grados a esas horas. Un cartel pegado en una puerta avisa, de alguna forma, de lo que está por venir. «Por favor, mantengan las puertas cerradas para que los sistemas de ventilación sean eficientes. Gracias». Por esos sistemas de ventilación hay que entender ventiladores de aspa y de torre y algunos equipos autónomos de frío. El pasado 13 de agosto treinta familiares y pacientes registraron un escrito dirigido al gerente del área sanitaria, José Ramón Gómez, en el que reclamaban con urgencia inversiones en el Hospital Provincial para combatir sus «deficiencias» y las elevadas temperaturas que padecen cada verano enfermos, acompañantes y trabajadores sanitarios. Lo que piden, «que los pacientes no sufran más que por sus dolencias».

Uno de los firmantes de ese escrito es José Luis Fariña Cerviño. Recibe en la habitación 415 de la cuarta planta, el «horno» del centro sanitario. Desde hace días está ingresado su padre, Samuel Fariña, con graves problemas de corazón y respiratorios. Aunque débil, cuenta que hoy su progenitor está mejor de salud y de ánimo. Samuel, con el oxígeno puesto, está sentado en una silla. La persiana baja con el sol queriendo colarse ya por las rendijas. A pocos metros, encima de una silla, un ventilador. Comparte habitación con otro paciente. Hijo y padre, de Moraña, están resignados, pero no se callan.

«Esto es terrible. No refresca ni de noche. Es tercermundista tener a la gente así», se lamenta José Luis. Comenta que todavía no han recibido respuesta de la EOXI de Pontevedra y O Salnés al escrito presentado. Tampoco esperan demasiado. José Luis sostiene que la Administración no quiere hacer una inversión importante en un hospital que tiene los años contados al estar proyectada la ampliación de Montecelo. Lo que sí tiene claro es que por lo menos quejarse en voz alta servirá para que se conozca lo que ocurre dentro de las habitaciones y en los pasillos.

En otro cuarto están dos hermanos, Daniel y Vicente Torrejón, de O Grove. Acompañan a Carmen, su madre, que también está ingresada en la cuarta planta. En su caso, tienen la persiana y la ventana abiertas para ventilar la estancia, que también comparten con otro paciente. La habitación da a la entrada principal de Loureiro Crespo. Daniel no tiene inconveniente en contestar.

«Isto esgota a un»

«¿Como o levamos? Pois esta é a nosa segunda ola de calor do verán. Levamos moitos ingresos con mamá, pero como estes ningún. É insoportable, isto esgota a un. Ela non é que se queixe moito, no seu estado, pero hai que sacarlle o suor e ten que beber porque se deshidrata. Ata as dúas da mañá non entra algo de aire», explica Daniel. Tanto él como su hermano Vicente creen que en pleno siglo XXI tiene que haber otras alternativas para no hacer más complicada la estancia de los pacientes y el trabajo de los profesionales. «Temos un ventilador, pero o único que fai é remover o aire quente», se queja. Una enfermera entra en la habitación para tomar la tensión a Carmen, su madre. Esta profesional confiesa que lleva diez años trabajando en el Provincial y que sabe bien de lo que hablan.

La diferencia de temperatura entre unas plantas y otras del Provincial se nota en el control de la enfermería. Como ejemplo basta lo ocurrido este lunes. A las 22.53 horas el termómetro del control de enfermería de la segunda planta marcaba 28,9 grados. Dos plantas más arriba se alcanzaban los 33 grados. La cuarta es, sin duda, el «horno» del hospital más antiguo de Pontevedra.

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