Fiestas flamantes excepto «peñas»

Peregrina 2018 se salda en positivo salvo el desfase de los excesos etílicos de gente muy joven. ¿Hasta dónde llega la diversión y dónde empieza el problemón?

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La Semana Grande de las fiestas de La Peregrinas está a punto de concluir por lo que aún restan algunos datos para cerrar un balance que, en todo caso, ya se puede aventurar que vuelve a ser flamante en casi todos los aspectos. Pontevedra ha estado petada. Un día sí y otro también. Hay un ambientazo fenomenal en unas fechas de vacaciones que propician los reencuentros familiares y de pandillas de amigos al tiempo que acogemos a miles de visitantes y turistas.

Podemos suponer que el evidente abarrote de la ciudad se tradujo en un incremento notable del consumo tanto en la hostelería como en el comercio local así como en otros gastos constatables que cifren un presumible incremento del movimiento económico.

Pero me temo que ni la Federación Provincial de Comercio ni el Concello de Pontevedra se plantean hacer y difundir balances. Habremos de conformarnos con la intuición matizada por quienes perciben otras sensaciones. Por ejemplo: si me atengo a lo que me decían los feriantes -«mucha gente paseando y mirando pero gastar, pocos cuartos»- habría que cuestionarse la ecuación. A lo largo de estos años he llegado a la convicción de que los empresarios de las atracciones y barracas de fiestas tienen, de natural, tendencia a quejarse, pero también hemos de entender que el Concello les ha incrementado notablemente los precios de ocupación de vía pública con respecto a lo que abonaron en la anterior subasta que databa de 2016 lo que estrecha el margen de beneficio de la actividad.

Además del resultado económico, cabe inventariar la Semana Grande de las Fiestas desde otras ópticas que, en general, también arrojan un balance positivo, caracterizado por un clima de tolerancia envidiable.

Convivencia

Según lo veo, en Pontevedra pueden llegar a convivir la lectura del pregón de María Varela y sobrellevar la banda sonora de la protesta protagonizada por un grupo de policías municipales y sindicalistas que también acudieron ante el Pazo Mugartegui. Por cierto: mi solidaridad para con la colega profesional ya que el envite de por sí complejo, supuso esa dificultad añadida.

En Pontevedra acreditamos una capacidad para sobrellevarnos en la disparidad y coexistir sin tensiones que se traduce en otros momentos de esta Semana Grande. Hay pontevedreses y visitantes que disfrutan de eventos de larga tradición como la xuntanza de Amigos de Pontevedra; el baile de gala en el Liceo Casino (3.000 asistentes), las procesiones de La Peregrina y San Roque o la Batalla de Flores mientras que para otros la predilección son pasarrúas, cantos de taberna, los fuegos artificiales o las verbenas de la Alameda; y luego está el público adicto a los conciertos gratuitos en la Plaza de España.

Pero la máxima expresión de convivencia en la disparidad se ha vuelto a evidenciar en torno a los toros: hubo tres tardes de corridas de abono, con entradas de tres cuartos en la plaza de San Roque y en paralelo, el sábado 11 tuvimos una manifestación antitaurina que reunió a miles de personas que están por la abolición.

El borrón de las «peñas»

Con un nivel de seguridad ciudadana muy aceptable ya que hasta el momento de escribir este artículo no se han producido altercados graves, el único borrón que observo en el balance de la Peregrinas 2018 es la deriva que están tomando los dos fines de semana de «peñas» juveniles.

Según los datos del propio Concello y los aportados por otras fuentes como la Asociación Galega de Técnicos de Emerxencias Sanitarias, en esos cuatro días fueron atendidos unas cuantas decenas de chavales por intoxicaciones etílicas. Los peores casos por ingesta de absenta, un licor fortísimo peligrosamente de moda entre la gente muy joven, motivaron traslados a hospitales para su tratamiento de rapaces de 13, 16 y 17 años.

Esa casuística e incluso alguna de las peleas relacionadas con el trasiego de las «peñas» fueron relativizadas por la concejala de Fiestas con la fórmula retórica «sempre hai pequenas cousas» que responde a un patrón de conducta.

El gobierno municipal no quiere oír hablar de «un problema» con las «peñas» y se cierra en banda a sopesar si quiera la posibilidad de corregir una deriva. Primero Carme da Silva y luego el propio alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores, esquivaron admitir que la proliferación de gente tan joven bebiendo a mansalva por las calles y plazas de la ciudad, es decir una especie de macrobotellón deslocalizado y excepcionalmente consentido según la ordenanza municipal en vigor, so pretexto de «ir de peñas», constituye una imagen lamentable.

La oposición municipal ha olfateado que hay una veta para desgastar al gabinete del BNG y por eso Rafa Domínguez ha emplazado directamente al alcalde a asumir la convocatoria de una «mesa» para atajar el desfase que supone la presencia de gente cada vez más joven borracha hasta las trancas. El nuevo portavoz municipal del PP ya ha logrado arrancar la peor reacción posible del alcalde Lores quien se despachó con un «non vou facer caso ó PP que é o pasado desta cidade».

La cuestión final a resolver para nuestra ciudad es esta: ¿Hasta donde llega la diversión y donde comienza el problemón? El resto, solo será controversia política que no conduce a resultados.

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