Una investigadora entre uvas y olivas

Carmen Martínez compagina dos proyectos científicos, la viticultura y el estudio de la oliva

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S.b.
pontevedra / la voz

María del Carmen Martínez Rodríguez (Cangas de Narcea, 1961) es doctora en Biología por la Universidad de Santiago de Compostela e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas -CSIC-, donde fundó su propio equipo de investigación, el primero y único en España en especialidad de viticultura. «Aquí he abierto mi grupo de investigación en viticultura, mis hijos han nacido aquí… tengo muchos vínculos, estoy afincada en la ciudad», en referencia a Pontevedra.

Y es que Carmen Martínez reconoce que «significa mucho» que hayan pensado en ella para el galardón que entrega, en su edición número 47, la asociación Amigos de Pontevedra. «Me siento agradecida y honrada por haber recibido un premio de este tipo», subrayando además que no se lo esperaba y que, siendo un premio que otorga la ciudad en la que vive a pesar de no ser de Pontevedra, «pues da mucha emoción». Lleva viviendo alrededor de veinte años en la Boa Vila. «Hice mi tesis doctoral y el inicio de mi carrera científica en otro centro del CSIC, ubicado en Santiago de Compostela», después ya en 1993, como doctora, «me vine a la Misión Biológica».

Miembros de la Asociación Amigos de Pontevedra le llamaron por teléfono diciendo que querían visitar esta Misión Biológica. «No me imaginaba en absoluto que vendrían a algo más», sonríe. La Misión Biológica es un centro poco conocido en Pontevedra, a pesar de ser uno de los más antiguos en cuanto a investigación de España -investigación en general y de ciencias agrarias en particular-. «Invito a la gente a que lo visite», dice. Está en la antigua carretera de Vigo, dirección Salcedo. «La ciudad de Pontevedra debe sentirse orgullosa de tener un centro que se fundó en la época de Ramón y Cajal», recuerda Carmen.

Su investigación reside en la especialidad de viticultura. «En el CSIC se había trabajado mucho en enología, es decir la parte del vino, pero en viticultura no», reconoce. Se trata de describir las variedades de vid -entre ellas el albariño, godello, treixadura-. España tiene una gran variedad de vid diferentes, que no existen en otros lugares, pero estaban sin describir. «No se sabía lo que teníamos. Fuimos pioneros en el 1986», relata. Antes ya se habían dado pasos, a través de Simón de Rojas Clemente, un científico español que en el 1803 inició la metodología de descripción de variedades de vid al trabajar en el Real Jardín Botánico de Madrid. Actualmente sus métodos se utilizan por todos los expertos del mundo.

Aunque la vid es uno de los cultivos más antiguos de la humanidad, «queda mucho por estudiar», asume Carmen Martínez. El mercado del vino es muy complejo y las bodegas necesitan el apoyo de la ciencia para competir en las mejores condiciones, por lo que trabajan de la mano. «El uso de variedades es un tema que les preocupa», reconoce. «Nosotros no solo recuperamos esas variedades, también estudiamos sus niveles de sensibilidad a enfermedades, ya que muchas les atacan -como hongos- y eso obliga a aplicar muchos tratamientos». En consecuencia «estudiamos los mecanismos de defensa de la planta, potenciándolos para reducir la aplicación de estos tratamientos. También buscamos aprovechar los llamados residuos, que son las pieles y semillas». Lo utilizan, por ejemplo, para la elaboración de aceites.

Oliva en Galicia

Pese a que pueda sonar extraño, la realidad es que la oliva en Galicia tiene una historia interesante. «Desde hace cinco años, he abierto una línea de descripción y recuperación de antiguas variedades de olivo autóctono gallego», comenta Carmen. Hasta la Edad Media existieron olivares que, por distintas razones, se fueron abandonando. Por suerte todavía se conservan ejemplares centenarios en distintos puntos de Galicia: «Lo que estamos haciendo es recogerlos, estudiarlos, comprobando que son variedades autóctonas diferentes a otras que puedan estar por el mundo y que producen aceites de gran calidad». Las variedades de aquí tienen un nivel de adaptación muy alto a las condiciones climáticas de Galicia. Pasa lo mismo con las variedades de vid.

De esta forma, Carmen y su equipo compaginan la viticultura y el estudio de la oliva. «Tenemos la suerte de que donde se produce vid también se produce olivo. La uva madura en septiembre y el olivo en diciembre, con lo cual lo compaginamos perfectamente», argumenta. De hecho la metodología de trabajo es parecida. En ambos casos son plantas leñosas y tienen muchas similitudes. «Eso sí, estamos a tope de trabajo, desbordados», reconoce Carmen. Ya se lo dicen sus compañeros: «cada vez nos metemos en más y más temas». La investigación les lleva de uno a otro.

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