Un Pablo Dapena colosal hace historia

Triatlón El pontevedrés logró coronarse campeón del mundo en la ciudad danesa de Odense

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Pontevedra / La VOZ

Cinco horas, 19 minutos y 35 segundos. Es el tiempo necesario para hacer historia. Asaltar el Olimpo deportivo y robar una de sus coronas, gravarse en uno de sus muros, o ser parte de su mitología. Pablo Dapena ya es campeón del mundo de triatlón de larga distancia. Desde ayer, el estatus de humano se le ha quedado pequeño, y se asemeja más al de una de esas deidades que caminan a veces sobre el planeta.

El pontevedrés consiguió vencer en una de las pruebas deportivas más exigentes del triatlón. Ocurrió en Odense, Dinamarca, durante el ITU Multisport. Y lo hizo a su manera, sin concesiones, sin rivales a su vera. Dapena fue dos minutos y medio más veloz que el suizo Ruedi Wild, segundo clasificado.

A lo largo de todo el recorrido, el triatleta supo agarrarse a los puestos de cabeza. Salió de los cuatro kilómetros a nado en segunda posición, sobrevolando la nuca del líder de la carrera en ese momento, el estonio Marko Albert. Ambos comenzaron a pedalear con una ventaja de más de medio minuto sobre el resto de competidores.

Las distancias se acortaron en el trayecto en bicicleta. Unos 180 kilómetros en los que Ruedi Wild consiguió colocarse en la segunda posición, adelantando a un Dapena que se veía cómodo a la espera de dejar las dos ruedas y tratar de hacerse con la carrera a pie.

Imparable en esta última etapa, con una cabeza fría encomiable, quiso el pontevedrés proclamarse campeón del mundo. Quiso y pudo. A falta de unos 30 kilómetros de meta, Pablo forzó la máquina. Recortó la distancia que Wild había obtenido en la bicicleta y cazó su espalda tras correr el suizo en solitario un buen tramo.

Al fondo, a 10 kilómetros, la meta. El gallego había adelantado al hasta ahora líder gracias a un ritmo altísimo. Voló sobre el asfalto danés y consiguió generar una ventaja de más de medio minuto sobre su rival más directo.

Colosal en lo físico, estratega en lo mental, Dapena logró convertir el tramo final de la prueba en una especie de amable caminata. Un disfrute en solitario al saberse ganador a falta de unos kilómetros. Confiado y exultante, el pontevedrés no hizo nada más que ampliar distancias. La prueba tenía su nombre, indiscutiblemente. La solidez mostrada fue incontestable.

En la meta, la alegría, la fiesta, los aplausos. Un galope de sentimientos se abrió paso hasta la cinta. Brazos en alto, sonrisa en la cara. Dapena golpea la cinta que cae y luego recoge. La eleva sobre la cabeza y posa ante las cámaras. Mira al suelo, empapelado de azul para la ocasión. Se tira de espaldas fatigado y se agarra la cabeza, quizás incrédulo. Es campeón del mundo.

La hazaña que el triatleta realizó ayer se sitúa como el mayor logro deportivo de su trayectoria. Ya avisaba de su buen estado de forma a lo largo de la temporada al cosechar y encadenar diferentes victorias. La descalificación en el pasado mundial de Canadá ya solo será un mal sueño. Pura anécdota, como lo fue perder sus bicicletas de camino a Dinamarca debido a problemas con la aerolínea que las transportaba, y recuperarlas apenas dos días de la competición. Quizás fue eso, quizás el destino quería jugársela a Dapena con una pequeña encerrona, a sabiendas de que lo conseguiría.

Para colmo, el gallego defenderá su recién adquirida corona en su hogar. Pontevedra es la próxima sede del ITU Multisport, que estos días ha desplazado a una comitiva hasta Dinamarca para dar rienda suelta a la promoción del evento. Se ha convertido Dapena en su gran capitán, en su mejor embajador. El mejor triatleta de larga distancia del planeta es ahora pontevedrés. A sus treinta años ha borrado de la lista el ser una estrella de esta disciplina. El premio a la dedicación, al esfuerzo.

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