Los planes de los mejores de la ABAU

Siete alumnos pontevedreses dicen que el selectivo no fue tan fiero como lo pintan. Estudiarán lo que querían, pero subrayan que tener que repetirlo sería tremendo

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pontevedra / la voz

Sus notas en la fase general de la selectividad (hoy ABAU) acreditan que fueron los mejores alumnos de los institutos de Pontevedra en la prueba que da acceso a la universidad. La Voz reunió a los siete estudiantes de los centros públicos de la ciudad para conocer sus planes de futuro y también para este más que merecido verano. Las mujeres son mayoría, cinco de siete. Algo que, coinciden, ya forma parte de la normalidad. Ellas son Elia Pedrosa Vidal (IES Torrente Ballester), Laura Pérez Nores (Valle Inclán), Lidia Iglesias Limeres (Frei Martín Sarmiento), Alba García Revestido (A Xunqueira II) y Antía Vázquez Corredoira (A Xunqueira I). Y ellos, Roberto Rodríguez Gordo (IES Sánchez Cantón) y José María Da Costa Ojea, Chema (Luís Seoane).

En sus caras hay felicidad y satisfacción por el resultado, pero también reconocen que pasaron malos momentos en un curso, 2º de bachillerato, marcado desde el inicio por la selectividad. Una frase de Chema lo ilustra bien: «Ahora se ve de otra manera, pero cuidadito al principio».

Todos van a estudiar una carrera superior o equivalente. Alba quiere ser oficial de la Guardia Civil. Aunque Educación Primaria era su plan B, su apuesta es esa. Que su padre sea guardia civil seguro que tuvo mucho que ver. Entre sus compañeros no hay ninguno que quiera estudiar Medicina. Eso sí es una novedad entre los mejores del 2018. Todos se irán fuera de Pontevedra, algunos a otra ciudad gallega como Ourense o Santiago y otros más lejos, a Córdoba o Madrid.

El abanico es variado. Roberto cursará Ingeniería Aeroespacial; Laura, el doble grado en Física y Química; Elia, también un doble grado pero en Traducción e Interpretación y Filología Hispánica; Antía apuesta por Biotecnología; Chema por Trabajo Social; y Lidia por Ingeniería de Organización.

Con el paso de los días, lo de enfrentarse a los exámenes de la ABAU se va relativizando. «Yo salí mal de casi todos los exámenes, menos uno o dos, y al final fue mucho mejor de lo que pensaba», comenta Antía, que el jueves por la noche tenía previsto un viaje a Suiza para conocer el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) a iniciativa de su profesor de Física. A Roberto, por ejemplo, el más difícil le pareció el de Física: «Tamén foi porque era o segundo día e estaba cansado». Lo ocurrido este año en Extremadura, donde hubo que repetir parte de las pruebas al filtrarse antes los contenidos -algo que ocurrió en Galicia en 1992, cuando los protagonistas de este reportaje no habían nacido-, sí suscita reacciones inmediatas. «Yo me muero», sentencia Elia.

A todos les apetece la nueva etapa vital que van a afrontar tras el verano y dicen que no van a echar mucho de menos el instituto. El consejo que más escuchan de sus padres es que sean «responsables». Con varios años por delante de formación prefieren no pensar en dónde estarán dentro de un lustro. Lidia es de las que cree que seguirá estudiando. No les da miedo irse al extranjero a trabajar, aunque preferirían no verse obligados a ello.

Descansar mucho, disfrutar de la playa o sacarse el carné, propuestas para el verano

Al margen de los estudios, donde todos tienen unos brillantes expedientes, son jóvenes con un verano por delante que quieren exprimir al máximo. Descansar, disfrutar de la playa si se puede o sacarse el carné de conducir son los planes más repetidos, junto a salir con amigos y algún viaje. El esfuerzo que dejó este curso, donde hubo también mucha competencia por las matrículas -caso del IES Valle Inclán, apunta Laura-, dejó poco tiempo para otras aficiones.

«Este curso fue de estar encerrada. Salir con amigos cuando se podía y poco más», señala Antía, que hace años jugó al baloncesto, pero lo dejó. Alba sí compaginó 2º de bachillerato con sus entrenamientos de gimnasia rítmica, deporte en el que está federada y al que dedica muchas horas varios días a la semana. Chema corrobora que durante los últimos meses hubo que recortar el ocio y ahora está empezando a disfrutar de las vacaciones.

En el caso de Elia, se repartió entre las clases del instituto y las de violín del conservatorio, reservando los sábados para la hípica. Laura dedicó ese poco tiempo libre a los amigos y a la lectura, tanto en papel como en e-book, «que es cómodo para algunas cosas». Roberto, además del deporte (taekuondo y natación), aprovechó lo que le aportó otra actividad, el teatro: «O de estar nun escenario axuda a non poñerse nervioso e a saber estar cando tes que falar en público».

Coinciden en que el curso, a pesar de la dureza, se les hizo bastante corto. A ninguno se le torció ninguna asignatura, pero hay alguno que sí tuvo que emplearse a fondo. Fue lo que le pasó a Antía con Matemáticas -«aunque al final fue en la que mejor nota saqué»-, a Alba con Biología o a Chema con Historia del Arte, que tenía «mucho temario».

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