36 años del recuerdo de Italia

Mundial 82 La campeona del mundo comenzó en Pontevedra la competición


pontevedra / La Voz

Hace un año que María del Carmen Herrero se deshacía de los recuerdos que había guardado desde 1982, cuando la selección italiana blindó el Parador de Pontevedra. Era el Mundial del 82, el de Naranjito, y los de Bearzot llegaban a la competición después de una primera fase que dejó sus aspiraciones en entredicho. Pasarón se convirtió en su campo de entrenamiento y Balaídos en el de juego, la Casa del Barón sería su cuartel general. María del Carmen, fue una de las trabajadoras del Parador, que durante ese mes de junio cuidó, junto a su compañera Dolores Pazos y otro medio centenar de compañeros, la expedición que más tarde sería campeona del Mundo. «Teníamos una relación estupenda, incluso un día les presenté a mis hijos y los jugadores le regalaron algunos de los obsequios que les habían dado a ellos», explica Herrero, que recuerda que cada vez que se desplazaban a Vigo a jugar siempre «nos regalaban un montón de entradas para ir a verlos».

Treinta y seis años son muchos para almacenar recuerdos, pero al margen de la relación entre la selección y los empleados, que llegó a ser muy estrecha después de un mes de convivencia, recuerdan que la expedición venía con cocinero. «Fue la época del colza y ellos viajaban con su cocinero, traían todo de Italia», explica Pazos, que recuerda que la pasta era el menú diario. Aunque también se hinchaban a marisco. «Eso sí, se lo comían cocinado, muchos langostinos, pero con pasta o en caliente», recuerda Herrero, que al igual que Pazos resalta la «estupenda» relación. Lejos del elitismo que ahora rodea al fútbol profesional, la escuadra italiana era por aquel entonces un equipo terrenal, cercano a la gente. Salían por Pontevedra a pasear, aunque el Parador estaba reservado solo para ellos. «Nosotros siempre le decíamos que estar en el Parador les iba a dar suerte», recuerda Pazos de aquella escuadra formada por 22 jugadores, cuatro técnicos, un médico, tres masajistas, dos encargados de material, un intérprete, un fotógrafo y numerosos directivos, que convivieron entre el 2 y el 24 de junio. Cada día, a partir de las tres de la tarde partían hacia Pasarón para entrenar, allí cientos de pontevedreses pagaban cien pesetas por acceder al viejo campo y ver de cerca a figuras como Bruno Conti, Paolo Rossi, Dino Zoff, Baresi o Antognioni. Eran estrellas en el campo, pero solo deportistas cuando vivían en el Parador. «De aquella estancia me quedo con la naranja con aceite que me enseñaron y que a día de hoy sigo tomando», señala Herrero. Los empleados que los mimaron durante esos días se llevaron de recuerdo camisetas y pañuelos firmados por ellos, que salvo Mari Carmen, algunos guardan en sus casas y todos, en sus recuerdos.

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