Una calle de paso olvidada que ignora la Pontevedra bonita

Los malos olores de unas «letrinas», pintadas, viejas señales y vegetación que busca su sitio lastran la Travesía da Aduana


pontevedra / la voz

En un hipotético mapa de puntos negros de la ciudad de Pontevedra la Travesía da Aduana ocuparía un lugar destacado. A tiro de piedra de la plaza de A Ferrería, esta pequeña vía que comunica las calles Laranxo y Cobián Roffignac ofrece una mala imagen que sorprende a algunos turistas que acceden a ella quizá por despiste. Ya se recorra desde calle Laranxo como desde las escaleras de Cobián Roffignac la impresión es la misma. Una calle bastante descuidada, con pintadas en zonas públicas y de propiedad privada, con la vegetación buscando su hueco a través de las piedras y con unas autollamadas letrinas (de hombre y de mujer) que después de años de quejas siguen ahí. Sin solución a la vista.

Quienes más sufren los desagradables efectos de ese urinario al aire libre son sin duda los vecinos que residen en el número 2 de la calle Laranxo, la más próxima, junto a los trabajadores del edificio de los sindicatos y del Museo. Pese a que en esa conflictiva esquina actúa todos los días la empresa concesionaria del servicio de limpieza del Concello, lo cierto es que es solo un parche que dura lo que dura. O sea, muy poco. La llegada de las altas temperaturas no hace sino incrementar los malos olores de los orines.

Pero esas letrinas callejeras no son el único pero de la Travesía da Aduana. El vial se emplea básicamente como zona de aparcamiento, proliferan las pintadas -incluso en un muro sobre el que se actuó recientemente-, hay losetas desniveladas en las aceras, señales de tráfico que sufren los efectos del tiempo y de los incívicos, contenedores de basura al sol y mucha vegetación. Desde las escaleras de Cobián Roffignac basta una mirada para darse cuenta de que hace tiempo que esas hierbas no se cortan. Sale del comedor social de San Francisco Gonzalo Diéguez, el superior del Convento. Se le pregunta por el aspecto de una zona que conoce bien y por la que pasan más de cien personas cada día a las que dan de comer sin preguntar el motivo. Amable, se encoge de hombros y deja entrever que habría que actuar más. «Es cosa del Ayuntamiento, que limpia de vez en cuando, pero ya ve...». Es todo lo que comenta.

¿Y qué dice el Concello? Desde el gobierno local son conscientes de la problemática de esa vía. No obstante, subrayan que la Travesía da Aduana se incluye en los zafarranchos de limpieza que acomete el servicio municipal. Un portavoz apunta que se realiza un par de veces al año e incluso con chorros a presión. Respecto a las pintadas, el Concello suele retirar las que afectan a zonas públicas, por lo que no descartan actuar en las del muro que está pintado de amarillo. Otra cosa, matizan, son muros y fachadas laterales de propiedad privada. Sería el caso del muro del Convento, por ejemplo. En otras iglesias a veces se colabora económicamente a través de un convenio. ¿Y las letrinas? «Es un problema de civismo que no se resuelve poniendo un policía».Habrá que buscar otra solución.

Semiocultas tras unos contenedores de basura. Es el aspecto que más quejas suscita. Aunque se actúa a diario desde el servicio de limpieza, no basta y el malestar crece en verano.

Plazas para estacionar en pleno centro. En teoría estaban reservadas para vehículos autorizados y en su día para la Delegación de Hacienda. Hay plazas en línea y en batería a ambos lados.

Paredes y muros son el blanco. Las hay más antiguas y más recientes, tanto en zonas públicas como de propiedad privada. El Concello dice que limpia las que afectan a zonas públicas y no todas.

Reservado para la Delegación de Hacienda. Las señales verticales acusan el paso del tiempo. El vecino y emblemático edificio de Hacienda lleva cinco años a la venta y sin uso desde el 2010.

Acceso a Cobián Roffignac. Los jardines de los laterales, que sí están cuidados, contrastan con la imagen de las escaleras de piedra que sirven de acceso peatonal desde la Travesía da Aduana.

Hierbas que se multiplican. Son el testigo de que este entorno de la ciudad merece un mayor cuidado. A la vegetación que se multiplica se suman pintadas y algunos residuos. fotos c.b.

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