Menos pelo en el aula por un buen fin

Treinta alumnos y cuatro profesoras del colegio Santiago Apóstol se cortan la coleta y donan los mechones a la AECC

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pontevedra / la voz

La iniciativa partió de una alumna de 4º de la ESO del colegio Santiago Apóstol de Soutomaior. Paula Ramallo, de 16 años, llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea de cómo colaborar con enfermos de cáncer. Tenía claro que no hacía falta mucho, «solo ganas de ayudar y un poco de empatía». Cuenta que una de sus profesoras, Raquel, les animó a hacer un trabajo sobre las necesidades de estos pacientes y el trabajo que realiza la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Fue el empujón que hacía falta para que Paula contagiase a sus compañeros de aula y de centro en una campaña de donación de pelo que se llevó a cabo este mes. Titularon el proyecto ¿Quieres crear una ilusión? ¡Dona un mechón!

Con la idea en marcha, el colegio se puso en contacto con la junta de la AECC en Pontevedra. Antes se envió una circular a las familias para que autorizasen a los menores a donar el pelo. El pasado 6 de junio Patricia, trabajadora social de la AECC, y dos voluntarias, Maricruz y Lucía, se desplazaron al colegio y explicaron a los estudiantes por qué se hacían pelucas con pelo natural o cómo se gestionan en la asociación, además de darles información sobre el cáncer y su incidencia, adaptada a la edad de cada curso. Raquel, una de las docentes que se cortó la coleta, junto a otras tres profesoras (María, Anxa y Noemi), comentó que al final pasaron por la tijera unos treinta alumnos de todos los cursos desde 3º de infantil hasta 1º de bachillerato. Los de 2º estaban esos días enfrascados en la preparación de la selectividad.

Tras la charla del personal de la AECC, el 11 de junio se presentaron en el colegio dos peluqueras que se habían ofrecido voluntarias para cortar el pelo. Aunque hubo nervios y alguna duda, al final todos se mostraron satisfechos con el paso dado. «Estaba decidida, quería colaborar, no me importaba que el pelo me quedase corto, pero también sentí nervios. Después de cortármelo vi que me equivocaba y además estaba muy orgullosa», dice Paula, la artífice de la campaña.

Los testimonios de los alumnos son ilustrativos de lo que para ellos supuso decir adiós a trenzas y coletas por una buena causa. María Domínguez, de 5º de infantil, lo resume bien: «Yo decidí cortarme el pelo, y eso que mi mamá me explicó que me iba a quedar cortito como mi hermano Pablo, pero yo lo tenía muy claro». Hay incluso quien piensa repetir, como Marta González, de 3º de primaria. «¡Estaba muy contenta por dentro! Cuando me crezca el pelo otra vez lo volverá a donar», dijo.

También los hay pragmáticos, como Dámaris García, de 1º de bachillerato. «La sensación de tener el pelo corto es algo diferente porque, en mi caso, si me hago una coleta mi pelo parece como una brocha, tiene el mismo tacto y todo. Ah, pero ahorras en champú, en mascarilla, tardas menos en secarlo, no te da tanto calor...».

Desde la AECC agradecieron el gesto de este colegio y apuntaron que no es habitual una donación de pelo tan masiva. Trenzas y coletas se envían a la sede central de Madrid y de ahí a una empresa que hace las pelucas. Esas pelucas vuelven a Pontevedra para su uso por enfermos de cáncer.

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