El día que metralletas y obuses en vez de lágrimas causan risas

Los niños hicieron suyo el material que exhibió la Brigada en la Alameda con motivo del Día de las Fuerzas Armadas


pontevedra / la voz

Vivir en un mundo en paz debería ser un derecho. Pero a veces es un privilegio. Porque ahí está Siria, Irak, Palestina... tantos y tantos lugares donde se impone la guerra y las armas. Afortunadamente, en esta tierra ahora hay paz. Y no solo la hay, sino que está interiorizada en los niños, que son los termómetros más fiables de la sociedad. Solo así que entiende que ayer, una vez más, los pequeños hiciesen suya la exposición de material de la Brilat que tuvo lugar en la Alameda de Pontevedra. Los críos jugaban entre metralletas, obuses y blindados como quien juega en un jardín de rosas. Riéndose y aprendiendo de lo que los soldados les contaban. Y no se crean que no sabían lo que tenían entre manos. Diego, un pequeño que no debe pasar de los diez años, hijo de militar, con la cara pintada de camuflaje, señalaba: «No me gusta la guerra y ya sé que las armas como estas a veces se usan en las guerras, pero también sirven para más cosas. No las sé explicar muy bien, pero sé que los soldados ayudan y sé que necesitan esto para ayudar».

La exposición de material de la Brilat estuvo concurrida de principio a fin. Y, sí, quienes más la disfrutaron, sin duda alguna, fueron los niños y no solo porque tuviesen un circuito específico para ellos en el que hace prácticas de orientación. Los pequeños colonizaron blindados, coches, camiones y hasta los hospitales de campaña, donde les dejaban hacer ora de enfermos ora de médicos y les explicaban cómo actuar con un herido o tras una explosión. «Me parece que voy a ser médico de soldados», afirmaba un resuelto chiquillo rubio.

Elías, otro rapaz de los muchos que ayer visitaron la exposición, que presumía de haber cumplido ya los seis años, se hizo el dueño de uno de los artilugios novedosos de este año: un blindado especialmente preparado para ir por zonas con minas. Elías se metió en la parte trasera, probó los asientos y sentenció: «Son duros, pero aquí se está muy bien». Su madre le esperaba abajo mientras un militar iba explicando que, efectivamente, esos camiones se mantienen inmunes a los disparos.

«Eso no te lo puedo decir»

A poca distancia, un militar de Ourense le explicaba a otras familias con hijos que el obús que tenían delante podía disparar hasta a 42 kilómetros de distancia. La pregunta no se hizo esperar: ¿Y los disparasteis alguna vez? Se rio, tiró de prudencia y contó entonces que en España es en Zaragoza donde hacen prácticas de artillería con ese armamento. «Prácticas, solo prácticas», insistió. En realidad, fue un buen número de veces las que los soldados tuvieron que entonar eso de que «no te lo puedo contar» ante la enormísima curiosidad que generaba su material. Así respondía un militar cuando le preguntaba si había usado alguna vez el traje de camuflaje que llevaba puesto. Lo que sí explicaba es que al atuendo llega hasta Figueirido en trozos y allí mismo se encargan de coserlo.

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