Más de 200 días después, el alivio

Segunda B El Pontevedra ha sudado en una temporada que vio reducido su objetivo al de salvarse

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Pontevedra / La VOz

Entre la montaña y la ruleta rusa. Así ha sido una temporada de locura para el Pontevedra que comenzó la misma con demasiadas expectativas, con un presupuesto mayor que el del pasado ejercicio, pero que vio sus sueños truncados rápidamente, quizás demasiado pronto y con demasiado castigo.

Mucho tuvo que sufrir el club granate para sobrevivir otro año más en Segunda B y alejarse de la posibilidad de recaer de nuevo en Tercera, una liga que siempre ha sentido extraña y que se tomaría como un auténtico fracaso técnico y directivo. La tensión ha estado presente en más de una ocasión en el campo, e incluso llegó a originar momentos de auténtico esperpento como el protagonizado en diciembre por Luisito en su penúltima rueda de prensa, defendiendo a Lupe Murillo con un tono agresivo hacia una afición que no ya no confiaba tanto en él, y que ese día ardió en las redes.

La decisión de destituir al entrenador de Teo después de finalizar la primera vuelta de liga con 19 puntos y acumular una racha de nueve partidos sin ganar. La era Luisito llegaba a su fin tras tres años y dos meses defendiendo los colores del club de Pasarón, y con un currículo apenas empañado por este último bache deportivo. Por el camino un ascenso a Segunda B, y una campaña más que positiva de consolidación, junto con su play-off de ascenso.

Llegó el momento de tomar una difícil decisión, y era la de encontrar un entrenador que pudiera, a estas alturas, mantener al equipo lerezano en la división de bronce. No hubo que irse muy lejos. La respuesta simuló estar en casa. Luismi, entrenador de los juveniles, aceptó el rol de míster del primer equipo y cargó sobre sus hombros la obvia responsabilidad que ellos suponía. No pocos se mostraron críticos con la decisión, ya que esta sería su primera experiencia con un conjunto de esta envergadura en la posición de técnico.

Luismi se estrenó con un empate liguero ante el Celta B, y una derrota en la Copa Federación propiciada por un Burgos al que luego derrotarían en casa. Hubo que esperar hasta el 21 de enero para que el entrenador vigués se anotara su primera victoria de Liga. El malogrado Cerceda fue la víctima escogida.

Pese al cambio, en términos generales, el Pontevedra no conseguía encontrar el camino de la regularidad. Los partidos a domicilio acababan en el noventa por cientos de los casos en ser un auténtico quebradero de cabeza para los granates, que llegaron a convertirse en el equipo que menos puntos había obtenido de esta manera.

La Copa Federación avanzaba y servía de vistoso escaparate para una cantera en la que Luismi quiso incidir y sacar partido. Los resultados ayudaron, y muchos de los jóvenes del filial pudieron debutar este año con el primer equipo. En apenas mes y medio desde su llegada, hasta cinco jugadores del segundo conjunto lograron enfundarse la camiseta de los mayores.

Por otro lado, la Liga seguía su curso y la irregularidad estaba a la orden del día. Asomado al precipicio, el Pontevedra comenzó a tener pesadillas con el más que posible descenso. No bastaba con sacar puntos en casa, había que sacar músculo fuera.

Los granates entran en barrena en la jornada 27 y caen al puesto de play-out tras una dolorosa goleada del Castilla. Dos empates y una derrota después, el Pontevedra parecía abonado al descenso directo. Hasta tres semanas permanece en la zona roja de la tabla, y los peores presagios asoman la patita por debajo de la puerta del estadio. ¿Era siquiera posible salvarse?

Haciendo de tripas corazón, el Pontevedra golea por 4-0 al Talavera Reina y renace de sus cenizas cuando menos se contaba con él. Los jugadores reciben un chute anímico y comienza a percibirse un aire de positivismo.

La victoria en el partido de ida contra el Ontinyent otorga media Copa Federación a los lerezanos. Solo un gol les bastó para hacerse con ella, una semana después de ese primer encuentro. Los jugadores levantaron la Copa once año después del último granate que se permitiera el lujo de hacerlo. Esa era la actitud. Esa era la fuerza que había que extrapolar al campeonato liguero.

Entre medias, se derrota al Navalcarnero en su propia casa, y la luz al final del túnel asoma. Había que tener cuidado de no quemarse. Un empate, una victoria y una derrota se suceden. Momento crítico. El 3-0 contra la Gimnástica es muy doloroso y aviva la recta final de Liga donde hay demasiados equipos pendientes de la salvación.

Contra el Adarve se empata injustamente, por lo que la partida tiene una última ronda a muerte súbita. El Pontevedra aprieta el gatillo y gana. Doscientos catorce días después del inicio de temporada, sigue en Segunda B.

Las dos victorias que hicieron creer

La goleada al Talavera y la posterior victoria de los granates a domicilio al Navalcarnero resultaron un punto de inflexión a la hora de afrontar la recta final de liga. Visto ahora, ese partido fuera de casa ha demostrado ser totalmente decisivo. Se rompía la maldición y se ganaba muchísima confianza.

El trofeo volvía once años después

Edu levantó la Copa Federación once años después de que otro granate lo hiciera. En palabras del propio Luismi, este premio provocó un enorme empujón anímico al equipo que veía que era posible hacer bien las cosas. La cantera vio su esfuerzo recompensado, y la afición agradeció el poder celebrarla.

El Pontevedra se salva por sí mismo

Lo que empezó una temporada con las expectativas demasiadas altas, acabó en una agónica temporada granate en la que la salvación era la única moneda de cambio que valdría a la hora de negociar con el futuro. Costó, hubo que sufrir, pero llegó. Y lo hizo por cuenta propia, en un último buen partido.

Muchos dieron por hundido al equipo

Los malos resultados y las irregularidad de toda la liga apabulló a unos y a otros. El Pontevedra tardó mucho en recuperarse y el abismo del descenso se hizo muy real en los últimos meses. Las cosas comenzaron a salir, pero la sombra de volver a Tercera fue tan larga que tuvo que ser despejada en la última carta.

El filial granate saca músculo en Copa

Pacheco, Josiño, Rafa Borges, Jesús Barbeito o Pablo López son nombres que se unieron al primer equipo gracias a Luismi, en apenas medio desde su llegada, a los ya conocidos Fernando Lezcano, Juan Barbeito o Iñaki que Luisito ya había mostrado. Gran parte del peso de la Copa Federación recayó sobre sus hombros.

El club confía las riendas a Luismi

El entrenador del Pontevedra juvenil de División de Honor, Luismi, es el elegido por la directiva para comandar al primer equipo. Se le critica la posible falta de experiencia, aunque su trayectoria con los pequeños lo avala. Demostró amabilidad y calma, y logró ganarse el total apoyo del equipo y la plantilla.

El Pontevedra destituye a Luisito

A finales de diciembre la paciencia se había acabado. La tensión entre afición, directiva y entrenador era demasiado alta. A sus espaldas solo 19 puntos y nueve partidos seguidos sin ganar. Su peor momento tras una campaña de tres años impagable pero que no llegó a esta segunda vuelta.

Pasarón hizo de balsa y fortín

El estadio granate se convirtió en el único terreno de juego durante buena parte del año en el que había alguna posibilidad de victoria. Los partidos a domicilio resultaban un auténtico desastre. En la memoria colectiva quedará el 0-3 que el Guijuelo remontó en los diez minutos finales.

Hasta la cuarta jornada sin puntos

Cuatro partidos tuvo que esperar la afición del Pontevedra para ver a su equipo con algún punto. Para verlo ganar tardaría un poco más. Dos jornadas concretamente, contra el Sanse. Todo un mes que sembró la idea del nivel de dificultad que esta temporada revelaría.

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