Adiós a las vías rápidas

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PONTEVEDRA CIUDAD

M.MORALEJO

Los desdoblamientos en autovías del corredor de O Morrazo, como antes los de O Salnés y Barbanza, llegan con años de retraso y numerosas víctimas mortales

13 may 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La puesta en servicio de una parte de la Autovía de O Morrazo, producto del desdoblamiento del corredor preexistente, supone un paso más hacia la necesaria superación de un concepto vial que tristemente ha acreditado una terrible peligrosidad mortal. Un reguero de fallecimientos de conductores y ocupantes de vehículos accidentados, tanto en ese corredor de O Morrazo como antes en los de Barbanza y O Salnés golpearon conciencias en la Xunta de Galicia, cuyo compromiso de reconvertirlos en autovías se va materializando con una irritante lentitud. Ese recordatorio debería moderar el entusiasmo manifestado por el presidente de la Xunta durante el acto de inauguración del pasado viernes, al que se llegó con ocho años de retraso. Desde que se abrió el corredor de O Morrazo en el 2005, se produjeron más de una decena de accidentes mortales. Solo en el 2010 se llegó a tal punto (ocho fallecidos) que se creó una Asociación de Familiares de Víctimas Mortales del Corredor de O Morrazo que ha venido presionando al gobierno gallego, que asumió desde ese mismo año la conversión en autovía, aunque los plazos y trámites nos hayan traído hasta aquí.

Los corredores de Cuíña

Estos corredores o vías rápidas tuvieron su apogeo entre 1990 y el 2000, cuando se requerían alternativas a carreteras comarcales que presentaban niveles de tráfico muy altos en general y ya saturados en los períodos estivales. Especialmente en zonas de litoral de las Rías Baixas, de modo que decidió atacarse el problema con vías rápidas que se planificaron para O Salnés, Barbanza y O Morrazo. Fue en la etapa de José Cuíña Crespo como Conselleiro de Política Territorial, con gobiernos de Manuel Fraga.

Las vías rápidas no dejaban de ser carreteras convencionales con una teórica mejor calidad de circulación por trazado, ausencia de intersecciones y vallado y cuya construcción resultaba más económica que las autovías para el erario público gallego. Pero esa misma concepción encerraba una trampa terrible: al tratarse de carreteras de una calzada con dos sentidos de circulación y a más velocidad, el riesgo de colisiones frontales por adelantamientos y otras maniobras era muy alto, así como el índice de mortalidad.