Santa Kata, la fiesta que vuelve «con gloria» a las andadas

Aunque el botellón campó a sus anchas, se recuperaron los conciertos y el espíritu de que «aquí no solo se viene a beber»


pontevedra / la voz

Reconozcámoslo. Lo del botellón de la fiesta universitaria pontevedresa Santa Kata, así como de muchas otras, no es un invento de los chavales de ahora ni de los nuevos tiempos. «Santa Kata, Santa Kata el que no bebe es un rata», gritaban emocionadas unas alumnas de Publicidade e Relacións Públicas hace unos quince años, al amparo de un calimocho con vino El Conquistador. Pero lo cierto es que en los últimos tiempos el botellón se había convertido en el único ingrediente de Santa Kata, cuando antes había actos culturales y conciertos -para el recuerdo quedará uno que acabó con pitidos en el que, en plena fiesta de la facultad de Ciencias Sociais e da Comunicación, un grupo se puso a cantar sin rubor una que decía «periodistas, terroristas»-. Este año los organizadores quisieron volver atrás y que se bebiese, sí, pero que también hubiese más cosas. ¿Lo lograron? Habrá opiniones para todos los gustos. El botellón ayer a media tarde campaba a sus anchas. Pero no era lo único. Había sesión musical, había partidas de naipes, había gastronomía...

Sobre las seis de la tarde, con un sol abrasador, un pinchadiscos llamado Xoel Muiños intentaba animar el cotarro. El muchacho, al borde de la insolación, decía: «Xa empeza a haber moito ambiente». Y lo cierto es que, mientras hablaba, hordas de chavales hacían acto de aparición en el campus pontevedrés. Había estudiantes de toda Galicia. Lo resumía bien un joven de Lugo, opositor a policía: «Aquí vimos de todos lados, hai que vir ver como é esta festa». Estaba él en un grupo con estudiantes de Traducción de Vigo, un futuro médico que cursa la carrera en Compostela y varias alumnas de Publicidade en Pontevedra.

En la barra, los de siempre, dicho en el mejor de los sentidos. Porque ahí estaba por ejemplo el profesor Jorge Lens, todo un clásico de la facultad de Ciencias Sociais. A su lado, los también docentes en Publicidade Xosé Rúas e Iván Puentes. Ellos llevan años y años viviendo Santa Kata, así que su testimonio servía para saber si la fiesta recuperaba el pulso o no: «Este año está mucho mejor, se recuperaron los conciertos, se hicieron bien las cosas. Los últimos años esto era gente bebiendo y punto», indicaba Puentes. «Está mucho mejor», añadían Lens y Rúas. Cerca de ellos, una de las organizadoras iba más allá: «Creo que volvemos con gloria para atrás».

Y quizás tenga razón. Aunque haya cosas imposibles de repetir. Uno veía a Javier, el dueño del bar instalado, que vino desde Miño y pagó por montar un chiringuito la mar de profesional, y recordaba los viejos tiempos, cuando eran los alumnos los que vendían cervezas entre carteles de «cañas a vinte pesos». Está claro. Cualquier tiempo pasado parece mejor. Aunque no lo sea.

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