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La arqueóloga que se convirtió en diplomática

A Carmen Magariños le espera Dakar como nuevo destino. «Lo mejor de África es su gente», subraya


pontevedra / la voz

Carmen Magariños Casal (Madrid, 1973) acudió este jueves al IES Valle Inclán de Pontevedra con un objetivo claro. Explicar a los alumnos que participan este curso en el proyecto Escuela Embajadora Júnior del Parlamento Europeo qué es y qué hace un diplomático. Y es que ese trabajo, dice esta mujer, «nada tiene que ver» con lo que muchas veces cuentan las películas. Carmen estudió Geografía e Historia en la Universidad Complutense de Madrid y, aunque entonces le tiraba la arqueología, pronto reorientó su formación a lo que hoy es su profesión. El primer paso, antes de opositar a la carrera diplomática -en la que ingresó en el 2006-, fue un máster en Relaciones Internacionales de la Escuela Diplomática.

Con raíces paternas en Cambados -su bisabuelo, Antonio Magariños, da nombre a un colegio del municipio-, Carmen ocupó varios puestos en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y en las Embajadas de España en Santiago de Chile y en Malabo (Guinea Ecuatorial). «Estoy contenta con mi trabajo. Es variado y exige que estés continuamente reciclándote. Tienes que conocer las distintas realidades del país y el trabajo depende mucho de cada sitio. En Malabo mi labor era de cónsul y me encargaba de visados, y en Chile, por ejemplo, estaba más centrada en temas de derechos humanos», relata en la biblioteca del instituto acompañada por Antonio, su pareja, con quien comparte profesión. Y es que como bromeaba ayer la profesora de Educación Física Ana Santos, coordinadora del proyecto Escuela Embajadora, «en lugar de un diplomático al final tuvimos la suerte de tener a dos en el instituto».

Hacer maletas y sumar traslados forma parte de la vida de Carmen. Lo asume con naturalidad, aunque admite que las mudanzas son cansadas. «He tenido que hacer muchas mudanzas porque sueles estar entre dos y cuatros años en un destino. Es un trabajo estimulante y muy vivo y activo, pero esa parte es cansada», cuenta. Quizá por eso, cuando puede, regresa a la tierra de sus orígenes para cargar pilas. «Tengo un hijo de 5 años que es un nómada y cada vez que viene a Galicia se refuerza».

El próximo septiembre, Carmen y su familia recalarán en Dakar. La capital de Senegal no es desconocida para ella. Tras ingresar en la carrera diplomática hizo prácticas en esa ciudad. Después del verano ocupará el puesto de jefa de la Sección Política, Prensa e Información de la Delegación de la Unión Europa en Dakar. ¿Qué tiene África?, se le pregunta. Carmen no tarda en responder y su contestación recuerda mucho a las reflexiones del periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski. «Lo mejor de África es su gente. Es un continente con muchas posibilidades y recursos, pero con una situación miserable. Te hace querer trabajar porque el margen de mejora es inmenso».

Solucionar problemas

Carmen define el trabajo de un diplomático como una labor «muy de campo». «Lo que se ve en las películas dista mucho de la realidad. Al final lo que hacemos es tratar de solucionar los problemas de la gente». El abanico es muy amplio. Y pone un ejemplo. «Esos problemas van desde sacarlos de la cárcel a hacerles un pasaporte». Ella, que estos días apura sus vacaciones, se irá satisfecha si los estudiantes del Valle Inclán se quedan con ese mensaje y no con «el cliché» de la gran pantalla. En España hay unos novecientos diplomáticos.

«Para mí venir a este instituto, además de dar un paseo por Pontevedra, me da la oportunidad de contarles a los chicos cómo pueden acceder a esta profesión y tener prácticas, y también que conozcan qué es el Servicio Europeo de Acción Exterior (Seae) dentro de la estructura de la Unión Europea», comenta. Para Carmen, que es una europeísta convencida, el Brexit fue un proceso «muy duro» que le tocó vivir desde Bruselas. La salida del Reino Unido de la UE fue una decisión con la que no contaban, ni ella ni sus compañeros. «Sabíamos que el resultado iba a ser muy justo, pero nadie se lo esperaba». Pese a que Europa, por ese y otros muchos motivos -ascenso de la ultraderecha, trato a los refugiados...-, está quizá en horas bajas ella prefiere ser positiva y recordar todo lo que costó levantar la Unión. «Europa no es una construcción fácil, no ha sido fácil en ningún momento y está hecha a base de superar obstáculos», remacha.

Carmen alude a que el programa Erasmus es el «gran proyecto» de Europa. Y de eso saben mucho en el IES Valle Inclán, que este curso reunió a exalumnos que ampliaron formación. «Mi hermana, que vive en Australia y trabaja en el Instituto Cervantes, y su familia es fruto de un Erasmus. También les contaré que existe un nuevo proyecto de voluntariado universitario que crea ilusión». Por si se animan.

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