Xadrez Pontevedra trabaja para introducir el ajedrez en los colegios de Jordania

Nieves D. Amil
Nieves D. Amil PONTEVEDRA/ LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

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04 abr 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La Escola de Xadrez Pontevedra aún está deshaciendo las maletas del tercer viaje al campo de refugiados de Azraq, en Jordania. Todavía con el bajón del regreso, que ni unos ni otros quieren llamar despedida, empiezan a trabajar en todo lo que queda pendiente.

Este viaje ha sido muy fructífero para los profesores que emprendieron esta aventura hace ya tres años. Lo primero, porque han constatado que los refugiados sirios se han agarrado al ajedrez como una vía de escape muy satisfactoria y lo segundo, porque ya trabajan con Unicef, encargado de la escolarización de los pequeños en Azraq y Zaatari, para enviar cerca de diez mil manuales de iniciación a la ajedrez y ajedrez educativo. «Este año nos hemos volcado con una programación más al detalle para intentar optimizar al máximo el tiempo, estaba previsto que trabajáramos con 600 niños y al final nos vimos desbordados, hay mucho volumen de gente», señala Pablo García, que estuvo más de una semana en la zona. Este docente pontevedrés regresa con cierta nostalgia del campo de Azraq, pero está satisfecho del resultado de la expedición. Han podido mantener contacto con la federación jordana y ahora la Escola de Xadrez Pontevedra va a contribuir con la introducción de la ajedrez en las escuelas del país. «Eso es algo inédito en Jordania», explica ya en Pontevedra, donde reconoce que «siempre tenemos un bajón al volver, no queremos despedirnos, se crean vínculos muy importantes, aunque este año hemos sabido que algún refugiado está ya trabajando en Suecia».

Ahora, ya desde España, tienen que empezar un duro trabajo. Deben organizar el proyecto para introducir el ajedrez en las escuelas jordanas y conseguir subvenciones para poder poner en marcha esos diez mil manuales que necesitan en los dos campos de refugiados, en los que habitan más de cien mil personas. «Necesitamos muchos apoyos, los manuales que llevamos los hicimos nosotros solos», comenta García, que asegura que la recepción de los que llevaron fue tan positiva que hubo quien se los devoró en una sola noche. «La necesidad y la implicación de estos niños es brutal, además vemos refugiados que ahora son profesores de ajedrez, que cuando llegamos ya sabían los movimientos y conocían las piezas, hicieron una especie de club de ajedrez».