Cuestión de dignidad

Los «chavales» del 68 ahora son «yayoflautas» que decidieron volver a las calles para reclamar un sistema público garantizado de pensiones. Pontevedra no está al margen


Nuestros mayores han decidido seguir en las calles a las que se echaron hace semanas y de las que no volverán hasta conseguir que se garantice un sistema público de pensiones dignas y blindadas. La presión continúa. Lo de ayer ha sido un clamor. Nuestros mayores han vuelto a ocupar la Alameda de Pontevedra; Ravella en Vilagarcía; la praza do Corgo en O Grove y otros muchos enclaves urbanos para continuar apretando al Gobierno de Mariano Rajoy. Pero también para avisar a Albert Rivera; Pedro Sánchez o cualesquiera que puedan pensar en ser futura alternativa; para que vayan tomando nota de que los jubilados no están dispuestos a seguir aguantando más pensiones miserables. Esta semana concluye con una monumental respuesta social protagonizada por la tercera edad que contesta de este modo a la comparecencia parlamentaria del presidente de la nación considerada por muchos como «insultante» y ante la ausencia de compromisos concretos que arrojó el desconcertante debate en el Congreso de los Diputados.

Los chavales del 68 vuelven

La espectacular reacción social que estamos viviendo está protagonizada por miles de jubilados que ahora, de abuelos, están hipermotivados para reverdecer sus tiempos mozos y volver a las calles. Las estampas de ayer en decenas de ciudades gallegas y españolas, con multitudes de pensionistas participando, resultan inéditas en la historia política reciente de este país.

Me encantó una imagen que se ha hecho viral en estos días. Circula por numerosos grupos de WhatsApp. Se ve una foto antigua de estudiantes en las protestas de 1968 y una foto actual de «aquellos estudiantes», ahora abuelos, movilizándose en las calles por la ridícula subida de las pensiones. El titular es tan gráfico como breve: «Son los mismos».

Cincuenta años después, aquellos jóvenes inconformistas que se unieron a la llamarada social que surgió en París, son ahora jubilados que han decidido echarse a las calles protagonizando una revuelta social tan inédita como aquella de antaño.

Estos jubilados de hoy, aquellos chavales del 68, ya no son de la misma pasta que las generaciones de posguerra que tragaron carros y carretas con los anteriores gobiernos que les torearon con las pensiones. Estos de ahora son los rebeldes de hace medio siglo que han mamado las calles en el franquismo y han chupado porrazos de los grises que acudían a desalojar las protestas que el anterior régimen quería sofocar. Han vuelto a las calles para quedarse.

El grado de malestar ha llegado a tal punto que la canalización de las protestas ha superado cauces clásicos. Si bien los tres principales sindicatos en Galicia mantienen cierto margen de control entre grupos de jubilados que acuden a sus llamamientos, también han surgido nuevas plataformas de jubilados con ejemplos tan cercanos como Modepen. Pero también se habla de yayoflautas, en alusión a estos jubilados no organizados ni bajo siglas que de repente rejuvenecen a fuerza de engrosar las protestas que se multiplican.

Es también por nosotros

Hace unos días, La Voz de Galicia publicó un informe concluyente: en nuestra comunidad autónoma ya hay más pensionistas cobrando de la Seguridad Social que trabajadores en activo y cotizantes. Más de la mitad de los concellos gallegos presentan ese desequilibrio.

Constituye un drama poblacional muy severo propiciado por el declive demográfico, la prolongación de la esperanza de vida y las dificultades laborales. Los especialistas dicen que solo tendrá remedio con una inyección de población joven. El Foro Económico de Galicia, citado en el informe de La Voz cuantificó esa «inyección rejuvenecedora» en 20.000 nuevos habitantes de 25 a 34 años de edad que constituirían un formidable capital de trabajo y un excepcional potencial de nuevas familias que auparían la natalidad. Ese caudal humano ya lo tenemos; son nuestros jóvenes que han estado emigrando en los últimos años a la búsqueda de oportunidades laborales en otras comunidades autónomas de España o bien optaron por buscar alternativas en otros países europeos.

La extraordinaria reacción de nuestros mayores no solo es por sí mismos; es también por nosotros. En redes sociales, particularmente en Twitter, ha quedado reflejada la admiración con la que las generaciones más jóvenes están siguiendo la capacidad de movilización de los más mayores. Hay algunos tuits que reflejan de modo certero ese reconocimiento como el que decía: «Tendrán menos dientes que nosotros pero ovarios y testículos, igual ó más /=/PensionesDignas».

Del 8M al 17M

Mariano Rajoy va camino de ocupar un lugar destacadísimo en el bestiario político nacional, superando a algunos de sus predecesores. ¡Y mira que algunos concitaron demonios en su derredor!

Entre el 8M y el 17M, Mariano Rajoy y el Partido Popular se exponen a quemarse electoralmente a la vista del cabreo expresado por seis millones de españolas que secundaron la huelga feminista y cerca de nueve millones de ciudadanos y ciudadanas que se quejan de las pensiones que perciben. Entre uno y otro movimiento social, son millones de votos de personas airadas que tienen el potencial de castigar al actual partido en el gobierno a pasar una larga temporada en la oposición.

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